LA ORACIÓN EN FAMILIA LLEVA A LA CONVERSIÓN

Si recorremos la historia de la humanidad y dentro de ella la historia de la Iglesia nos damos cuenta de que ésta siempre ha sido manchada por la imperfección. No puede ser de otra manera. Quienes formamos parte de ella somos  pecadores. Jesús no vino por los “santos”: «No necesitan médico los que están sanos, sino los que están mal. No he venido a llamar a conversión a justos, sino a pecadores.» (Lc 5:31–32). ¿Hay algún ser humano que no sea pecador? Siempre encontraremos miles de motivos para criticar a la Iglesia. Quienes le exigen “santidad” y “perfección” y le echan en cara sus “pecados” olvidan que ellos también son hijos de Adán y Eva. También olvidan que el causante de la miseria del hombre es la Serpiente que tentó y desgració a nuestros primeros padres y sigue implacablemente su obra destructiva en contra de la humanidad. El Pueblo de Dios está integrado exclusivamente por los que hemos aceptado que somos pecadores necesitados de misericordia. Hemos reconocido a Jesucristo como al único que puede salvarnos.

Los que llenos de soberbia quieren destruir a la Iglesia son como náufragos que quieren hundir el bote salvavidas. No debemos desesperar porque las familias estén en crisis. Debemos ayudarlas a recuperar su identidad cristiana. La gracia de la Llama de Amor es el instrumento que Dios nos da para que todas las familias, pero de manera especial las católicas, se transformen desde el interior. Una vez transformadas se volverán conscientemente en sal y luz de la tierra. La Virgen ha dicho que Ella triunfará sobre Satanás y los suyos. Nuestra Señora lleva su combate victorioso al interior de las familias. Si Dios ha querido salvarnos por su Hijo, el Hijo ha querido salvarnos por el Corazón de su Madre. Cuando la gracia de la Llama de Amor llegue a nuestra familia acojámosla con alegría y mucha esperanza. Estemos seguro de que Nuestra Señora sanará y liberará y santificará a cada uno de sus miembros.

El primer punto que es necesario abordar es el sacramento del matrimonio. Incontables padres de familia viven en pecado de fornicación. Muchísimos otros a pesar de estar unidos por el sacramento, no lo viven. Tienen el tesoro enterrado. Lo que no podemos hacer por nuestras propias fuerzas lo hacemos ayudados por la gracia de Dios.  Ésta se obtiene por la oración intensa y perseverante. El primer paso para destruir la ceguera espiritual que los espíritus malignos promueven es orar juntos en familia, y cada día. La oración más sencilla y al alcance de la mano de todos es el rosario de la Llama de Amor. Aquí se da el primer combate contra los espíritus malignos. Éstos cierran los oídos físicos y espirituales para que no oigamos: “Esta gente, por más que escuche, nunca entenderá; …y se tapa los oídos para no oír. Si hiciera lo contrario, entendería mi mensaje, cambiaría su manera de vivir, ¡y yo la salvaría!” (Mt 13:14–15).

Los espíritus inmundos de sordera espiritual son una realidad. Provocan sueño, cansancio, aburrimiento, rechazo e incomprensión de la Palabra de Dios, incapacidad para proclamarla, rechazo a la oración individual y familiar, etc.  Es necesario orar y reprender en el Nombre de Jesucristo a los espíritus malignos de sordera espiritual. Éstos se localizan con frecuencia en los oídos. El aceite exorcizado puesto en los oídos ayuda a expulsarlos. En el Diario se dice que es necesario comenzar pronto la oración en familia, al menos con dos o tres miembros. A partir de allí comienza la gracia a trabajar. El combate debe darse contra el pecado conscientemente aceptado y vivido.  La Virgen nos obtiene la gracia de reconocer nuestros pecados, rechazarlos y confesarlos. La familia se fortalece cuando todos sus miembros viven en gracia de Dios.

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