LA BASE DE LA FAMILIA ES EL SACRAMENTO DEL MATRIMONIO

No podemos llamar familia cristiana aquella que se funda solamente sobre el amor de los esposos y deja de lado las enseñanzas de Jesucristo y de la Iglesia. Cuando dos bautizados en la Iglesia Católica deciden formar una familia lo hacen por medio del Sacramento o signo eficaz de la Gracia. Este gesto proclama que los dos contrayentes tienen Fe católica, que están en comunión con la Iglesia, que ponen todo su empeño en vivir de acuerdo a los compromisos del seguimiento de Cristo expresados en el Bautismo. Debemos ir al Catecismo de la Iglesia Católica para conocer y comprender las enseñanzas que el Evangelio y la Tradición nos dan acerca de la Familia según Cristo y del Sacramento que la sostiene. Aquellos que no creen verdaderamente en Jesús y sus enseñanzas se apartan del Sacramento del Matrimonio y hacen una familia “a su manera”. Hacen a un lado su bautismo y deciden vivir como si no hubiesen sido bautizados, como si las enseñanzas de Cristo y de la Iglesia no tuvieran ningún valor. Las motivaciones que están detrás del rechazo al sacramento denotan diversos presupuestos.

En primer lugar la ignorancia acerca de la inmensa riqueza espiritual que conlleva el sacramento del matrimonio. Si lo comprendieran, de ninguna manera renunciarían a él. Dejan entrever que los que se juntan o casan solamente por las leyes civiles no aman verdaderamente a Jesucristo. La voluntad propia pasa por encima de la Voluntad de Dios. Su objetivo al juntarse no es llevar adelante el plan de Dios sobre la familia, sino satisfacer sus propios gustos.  Igualmente el amor libre supone que quienes se juntan lo hacen poniendo en práctica las “ideologías” que exaltan la libertad personal en contra de la Divina Revelación.  Si Dios existe y se ha revelado a los hombres y en su palabra ha expresado su voluntad sobre la familia y el matrimonio, lo correcto es someterse a los designios del Creador.  Esto  implica también “desprecio a Dios” y una completa ignorancia de las consecuencias de este pecado: la eterna condenación ya que la unión libre es pecado mortal de fornicación. La crisis de la familia es esencialmente “espiritual”. La raíz es el abandono de la gracia de Dios.

Hay que tener en cuenta que no basta “recibir el Sacramento del Matrimonio” para que la familia viva en plenitud la gracia propia del sacramento. Lo peor es recibir el sacramento externamente, sin Fe, sin la voluntad de vivirlo plenamente. La raíz de la crisis de la familia es el pecado de fornicación por medio del cual Satanás reina en los hogares. El amor libre es simplemente pecado de fornicación: es vivir  la sexualidad fuera de los designios del Creador. Como frutos de esta raíz vienen al interior de las familias todas las perversiones. Si realmente queremos que haya una transformación del mundo entero debemos comenzar por el Sacramento del Matrimonio. Es en el interior de la familia santificada por la presencia viva de Jesucristo que la gracia de Dios opera sus milagros. El Diario de Isabel nos presenta una familia asentada en el sacramento. No una familia perfecta, sino en vías de santificación.

El esposo de Isabel es un cristiano que vive responsablemente su Fe. Tan cerca de Dios estuvo este hombre que mereció una visita de María Santísima en su lecho de enfermo. Como católicos debemos promover con profunda sinceridad el sacramento del matrimonio y formar a los hijos la comprensión de esta inmensa riqueza y protección para las familias. El matrimonio civil y el amor libre es producto de la ceguera espiritual que los espíritus malignos establecen en el pensamiento y en el sentimiento de aquellos que han rechazado someterse a Dios. Cuando el Espíritu Santo ilumina las mentes y el corazón entonces hay luz interior que nos lleva a vivir en la presencia de Cristo que da el Sacramento. Cometemos un error los sacerdotes cuando admitimos que aquellos que viven juntados o casados solamente por las leyes civiles ejerzan en el interior de la Iglesia cargos. Hay lectores, catequistas, evangelizadores, maestros en la fe, servidores en los diversos ministerios que viven en fornicación o en adulterio.  Esto es absurdo, inadmisible, porque al aceptar semejante aberración se está aprobando el pecado y enviando un mensaje contradictorio al Evangelio. No hay excusas para semejante error moral y pastoral. Se trata de un pecado público.

Comparte la Llama de Amor

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *