DE LA ACCION DIABÓLICA EN EL INTERIOR DE LA FAMILIA (1)

(Catecismo de la Iglesia Católica Nos. 391…; 531…)

Es necesario que los padres de familia estudien el Catecismo de la Iglesia Católica para que puedan ser profetas y testigos de Cristo para sus hijos. Es un deber de estado. Si los progenitores no están bien instruidos no podrán profetizar. No podrán ser testigos de Dios en su hogar. Como consecuencia los hijos serán víctimas de los engaños del maligno. Isabel Kindelmann tuvo que luchar contra el enemigo de la salvación de sus hijos. Jesús le dice que quien perturba la paz de su familia es Satanás. Le pide que consagre el hogar a su “Divino Corazón”; bendice su casa, a sus hijos, habita en el hogar porque le está consagrado, le promete que sus hijos se salvarán. “Tu principal trabajo misionero seguirá siendo tu propia familia. Tu familia es el punto de partida de tu misión” (DE 21-8-1962). 

Isabel experimenta en el seno de su hogar los pleitos entre los hijos, la división, y se angustia. “Con tristeza me quejaba al Señor Jesús que el maligno busca de nuevo hacer perder la paz a nuestra familia. ¡Danos la paz! Le pedí su gracia abundante para que mis hijos también todos vivan en gracia de Dios. Entonces me permitió oír su voz amable, consoladora. “Cuando ya estés en el Cielo y contemples desde ahí la muerte de un hijo tuyo, estarás junto a su lecho. Tu gota de aceite caerá en su lámpara vacía y la Llama de Amor de la Virgen Santísima prenderá. Esta gran efusión de gracias salvará sus almas de la condenación. Ellos entonces sentirán tu mano maternal que les acaricia. Y tú también sentirás qué gran valor poseen los muchos sufrimientos que has soportado. 

Ellos también sentirán tu mano que estará para socorrerles en el momento de su muerte y verán tu vida meritoria que ahora, aquí en la tierra, no aprecian” DE 9-10-1962). Jesús se queja de las “familias destrozadas”. “Satanás con fuerza rabiosa quiere destrozar las familias” (DE 18-10-1962). La familia de Isabel no es una excepción. Ella sufre porque los hijos no la comprenden. Entre ellos hay conflictos que la afligen.  Varias familias viven juntas en la misma casa y esto inevitablemente genera roces. Jesús le pide que ofrezca sus sufrimientos por la salvación de sus hijos. Isabel experimenta, como madre, las muchas formas de “desintegración de las familias” que ofenden a Dios. “Oh las familias destrozadas, ¡cuántos pecados acarrean en contra de Mí! ¡Repara y sufre por ellas!”.  Todas las enseñanzas del Diario Espiritual las deben aplicar los padres y madres a sus propias familias.  

No existen familias perfectas en las que no hayan conflictos porque Satanás buscará por todos los medios perturbarlas. “¡Entren en batalla, los vencedores seremos nosotros! Mi Llama de Amor cegará a Satanás en la misma medida en que ustedes la propaguen en el mundo entero. Quiero que así como conocen mi nombre en el mundo, conozcan también la Llama de Amor de mi Corazón que hace milagros en lo profundo de los corazones” le dice María Santísima a Isabel (DE 19-10-1962). Los padres de familia deben entrar en batalla contra Satanás por sus hijos, para que éstos se salven. Este estado permanente de batalla contra el maligno y lo suyos implica necesariamente grandes sufrimientos que los padres y madres deben ofrecer al Señor.  

La salvación de las almas exige muchos dolores, muchos sufrimientos. Esto lo deben comprender los progenitores para no desanimarse. Sus sufrimientos no son en vano, tienen como fruto la santificación de sus propios hijos. Es necesario que desde pequeños los niños vivan la Llama de Amor para que cuando formen familias nuevas ya vayan con la experiencia del poder de María Santísima contra la acción desintegradora del Demonio. Cada hogar consagrado a la Llama de Amor  es una esperanza para la Iglesia porque la Virgen María transformará esa familia y a través de ella llegará a infinidad de otros hogares. El Demonio no puede vencer allí donde la Madre de Dios es honrada y venerada con sinceridad. En el fondo de los corazones de los hijos María ejerce su acción liberadora cuando los padres de familia le consagran su hogar y ponen práctica las enseñanzas del Diario de la Llama de Amor.

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