CARTA No.294 : NO BASTA REZAR EL ROSARIO

La Sra. Juana de Colón, Panamá pregunta: ¿Por qué dice Ud. que no basta con rezar el Rosario para vivir la Llama de Amor? 

Respuesta: La gracia de la Llama de Amor, tal como la Virgen María nos la presenta en el Diario Espiritual, va más allá del simple rezo del Rosario, sea en privado, sea en familia. El rezo Rosario es solamente el inicio, no el fin de la Llama de Amor. Ya hay muchas devociones, grupos, movimientos, organizaciones que promueven el rezo del Rosario. ¿¡Para qué una más!? La gracia de la Llama de Amor nos lleva a poner el orden “cristiano” en nuestra vida personal y en la vida familiar. El pecado – el sometimiento a Satanás – puso el desorden en la creación entera y especialmente en el corazón del hombre. Por la acción del pecado el ser humano quiere convertirse en el dueño y señor de su propia vida.  Ese orden cristiano consiste en que Jesús sea el dueño y Señor de nuestras vidas personales, familiares y de la humanidad entera. Cuando Jesucristo se convierte en el centro de nuestras vidas – pensamientos, sentimientos, acción toda nuestra existencia es transformada por la acción del Espíritu Santo. El Señor produce en nosotros los frutos del Espíritu Santo: caridad, gozo, paz, paciencia, longanimidad, bondad, mansedumbre, fe fidelidad, modestia, continencia, castidad. Nuestra vida queda así orientada hacia la finalidad para la que hemos sido creados: la Vida Eterna. Podemos rezar el Rosario y vivir fuera de la gracia de Dios. De hecho muchísimas personas lo rezan y su vida está descentrada. No es Cristo el Señor de sus vidas. Estas personas pueden rezar el Rosario y al mismo tiempo estar en “connivencia” – estar de acuerdo-  con el mundo-demonio-carne. Sus hogares no son verdaderos santuarios donde reina Jesucristo. En esas familias perviven los criterios del mundo. No se comprometen por entero a procurar la gloria del Señor. 

Al estudiar el Diario Espiritual comprendemos que María Santísima quiere renovar el rezo del Santo Rosario dándole un poder extraordinario. Lo convierte en el arma fundamental para vencer al Dragón y expulsarlo totalmente de las familias para que Jesús pueda reinar.  Mucha gente no entiende el Rosario, lo rezan mecánicamente. Es para ellas una obligación de la que se desembarazan rápidamente como un cumplimiento. El Rosario, bien comprendido y bien vivido, es un camino ascendente que nos lleva a la entrega total a Jesucristo: la consagración al Corazón de Jesús. Vamos caminando de la mano de María en el conocimiento íntimo de Jesucristo. La acción del Inmaculado Corazón de María – su poderosa intercesión – va poniendo el “orden de Cristo” en nuestra manera de pensar, de sentir y de actuar. A medida que vamos avanzando en la comprensión de la gracia de la Llama de Amor vamos también poniendo en práctica los medios que la Virgen nos pide para lograr que nuestro hogar sea el Santuario donde Jesús reine. Es necesario renunciar a todo lo que se opone a Jesucristo. Renunciar al pecado. Reparar el pecado. Vemos que María pide en primer lugar que la familia se reúna para ofrecer a su Hijo reparación con la Hora Santa de Reparación en familia (DE 13-4-1962). Pide un cambio de vida, la conversión verdadera de los corazones. También  nos pone un modelo de carne y hueso: Isabel Kindelmann. 

Una madre de familia normal, como todas, sin cualidades o condiciones extraordinarias. En su vida podemos ir leyendo lo que significa combatir contra Satanás. La Llama de Amor es la “más excelente de las gracias” de María. Transmitirla a los demás tanto en el interior del hogar como hacia el exterior es “una misión sublime y conmovedora”. Esta gracia vincula a la familia directamente con la Parroquia que es el centro de la vida cristiana porque en ella se proclama oficialmente la Palabra de Dios y se viven los sacramentos. No se trata simplemente de rezar el Rosario en familia sino de ser además parte viva de la comunidad cristiana. El objetivo de la Virgen es devolver la identidad católica a las familias. El programa de María Santísima consiste en iluminar a los hogares para que descubran todos los tesoros tradicionales de la piedad cristiana y los aprovechen poniéndolos en práctica. Una particularidad notable de la Llama de Amor es que la Virgen María nos protege de la acción demoníaca: nos hace conscientes de ella, nos fortalece para enfrentarla, y ciega los ojos del maligno. Ella sana los corazones, los libera de las ataduras de Satanás y reconstruye las familias destrozadas. La Llama de Amor es la esperanza de una Iglesia desconcertada ante los ataques de Satanás. Estamos ensimismados en problemas secundarios mientras el Demonio destruye lo esencial: las familias. La Virgen da la solución: La Llama de Amor de su Inmaculado Corazón. Ella renovará la Iglesia.

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