CARTA No.304: EL AGUA BENDITA Y EXORCIZADA, SU USO

Roberto, de la ciudad de León, Nicaragua dice: Le ruego que nos explique el uso del agua bendita y exorcizada, su importancia en el combate espiritual que sostenemos los cristianos contra los espíritus malignos. 

Respuesta: El agua ha sido desde que el hombre es hombre un elemento indispensable para la vida. Desde los primeros versículos del Génesis (Gen 1,2) hasta los últimos capítulos del Apocalipsis (Ap 22,17) se nos habla del agua. “El Espíritu de Dios se movía sobre las aguas”… “el que quiera tome del agua de la vida gratuitamente”. Todas las culturas antiguas han utilizado el agua en sus ritos religiosos. Noé y su familia se salva del diluvio universal (Gn 7,7) En Israel de manera particular el agua ha desempeñado un papel importantísimo a lo largo de toda su historia: el paso del mar Rojo, el paso del Jordán, los pozos para abrevar el ganado, las diversas purificaciones con agua, el agua que brota del lado derecho del altar en el templo de Jerusalén (Ez 47), el rito del bautismo de Juan, etc. Jesús se presenta como la fuente de agua viva (Jn 4,11, 24; 7,38), Jesús transforma el agua en vino en las bodas de Caná, del Costado de Jesús brota sangre y agua (Jn 19,34). El agua representa a Cristo, representa al Espíritu Santo. Siempre, desde su nacimiento el agua ha estado presente en la Iglesia Católica como un elemento importantísimo: nacemos a la vida de la gracia por el Bautismo de Agua. Por ese motivo los cristianos tenemos hacia el agua bendita un gran amor y gran respeto.

La Madre Iglesia nos enseña a utilizar constantemente el agua bendita como una prolongación del Sacramento del Bautismo y de sus efectos. En la liturgia y en la vida privada los cristianos recurrimos a este sacramental que hace presente a Jesucristo en medio de nosotros y expulsa con su poder la presencia de Satanás y de sus espíritus malignos. En Ef 6,12, San Pablo nos dice que los espíritus malignos vagan por los aires. No estamos luchando contra la carne y la sangre sino contra las potestades infernales. En este combate el agua bendita y exorcizada, en el caso de la presencia de espíritus malignos, es el primer sacramental que utilizamos para purificar un lugar, hacer presente a Jesucristo, expulsar las presencias maléficas. No se trata de superstición, se trata de la lógica de la Fe. Por el agua santa bendecimos a las personas, los lugares, las cosas. Las ponemos bajo la protección de Jesucristo. En el Diario Espiritual la Virgen le dice a Isabel Kindelmann que no existe un solo lugar en el que Satanás no pueda hacerse presente. Su acción destructora nos persigue constantemente y trata de perturbarnos y destruirnos. Por ese motivo en todas las familias cristianas deben estar siempre presente los sacramentales y especialmente el agua bendita. Los demonios la detestan y huyen de ella y de los objetos bendecidos. Sabiendo su gran poder ¿cómo utilizarla?

 En primer lugar bendiciéndonos a nosotros mismos haciendo la señal de la cruz o rociándola sobre nuestro cuerpo y sobre nuestros seres querido y diciendo yo te bendigo, en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Bendiciendo cada día toda nuestra casa de habitación y especialmente las recámaras en donde vamos a dormir para protegerlas de toda presencia maléfica. Bendiciendo nuestro espacio de trabajo (oficina, tienda, taller, automóvil, locales, etc, para alejar las acciones del maligno). Utilizarla cuando detectamos la presencia de espíritus malignos, cuando hay pleitos, desaveniencias, confusiones, discusiones, problemas que sospechamos tienen origen espiritual. Los demonios pueden influir sobre nuestras emociones y sobre los lugares. El agua bendita tiene poder de sanación física y espiritual. Es importante beberla con perseverancia para obtener sanación y mejoría. Al cocinar o preparar bebidas es conveniente echar algunas gotas o cucharaditas de agua bendita. Los sacerdotes exorcizan el agua bendiciéndola y agregándole sal exorcizada y una oración especial llamada exorcismo del agua para darle más fuerza en el caso de las personas o lugares afectados por la acción diabólica. Podemos bendecir a nuestros seres queridos ausentes rociando el agua en dirección a donde ellos están y orando por su protección. Igualmente podemos bendecir a las almas del purgatorio orando por ellas y rociando en nuestro alrededor el agua bendita. Recordemos que el agua bendita representa a Cristo que es la fuente de agua viva. Siempre que la utilizamos estamos invocando al Señor y bendiciendo a nuestro prójimo y haciendo presente a Cristo en los lugares en donde habitamos. Frente a Jesucristo el poder de las tinieblas se desvanece.

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