MARÍA CAMINO DE LA PAZ INTERIOR

El gran don de Jesús es la PAZ INTERIOR. “Mi Paz les dejo, mi Paz les doy” (Jn 14,27) nos dice en la última cena. Es la
herencia de Jesús a sus discípulos. No nos deja la paz como la que da el mundo. En la primera aparición a sus discípulos después de la Resurrección les dice: ¡La Paz sea con ustedes! (Lc 24,36; Jn 20,19). Esa Paz interior de Jesús es el tesoro más grande que podemos tener. Para comprender lo que Jesús nos dice es necesario leer y meditar asiduamente los maravillosos textos que San Juan evangelista reporta de la última cena (Jn 13,1-17,26). En Jn 15,5-11 Jesús nos habla de su “gozo”. Esa alegría de Jesús proviene del amor entre el Padre y el Hijo, de la obediencia del Hijo a la Voluntad del Padre. ¿Por qué tantas personas viven sin paz, sometidas a la angustia y desesperación? No tienen el “gozo” en su interior, siendo así que están bautizadas en Cristo Jesús. Probablemente la causa de esta falta de paz radica en que están alejadas del Corazón del Señor.


No gozan de la amistad íntima con Jesús. Isabel experimentó una alegría tan grande que apenas pudo “cerrar sus ojos durante toda la noche” cuando vio en su alma cómo Satanás quedó ciego por la acción de la Llama de Amor. Jesús le dice: “El quedarse ciego Satanás, significa el triunfo mundial de mi Divino Corazón, la liberación de las almas y que el camino se abrirá en toda su plenitud” (DE 13-11-1964). El fruto del efecto de gracia de la Llama de Amor del Inmaculado Corazón de María es la Paz gozosa de Jesús en el interior de nuestra alma. El objetivo de la acción diabólica en todo ser humano y especialmente en el interior de los hogares consiste en quitar la paz de los corazones. Los demonios son “espíritus”, seres inmateriales, que pueden influir de muchas maneras sobre nuestros estados de ánimo. Ellos pueden manipular a las personas y su entorno provocando en su interior pensamientos, sentimientos, aprehensiones, que pueden volverse obsesivas.

La voluntad puede quebrarse ante tanto asedio y llevar a las personas a lo que llamamos pecado, es decir a cometer actos que se oponen a la voluntad de Dios. Cuando el alma cede a estas tentaciones pierde la paz interior. Este vacío interior se puede volver tan doloroso que las personas llegan a vivir un verdadero infierno emocional que en ocasiones las arrastra al suicidio. Cantidad de reos están en las cárceles después de haber cometido crímenes atroces inverosímiles. Ellos mismos no se explican cómo pudieron llegar a tanta degradación y crueldad. En el fondo de tanta perversión se encuentra la acción no combatida de los espíritus malignos. Y para colmo de remate estos prisioneros yacen en las cárceles abandonados espiritualmente. No tienen la oportunidad de recibir una atención pastoral que los lleve a la liberación espiritual.

Las cárceles son infiernos donde reina Satanás por el odio que habita en muchísimos de los presos. Jesús ha venido a traer la Paz, su Paz, a tantos corazones entenebrecidos por la acción diabólica. Es de la mayor importancia que desde niños aprendamos a discernir la presencia y acción de los espíritus malignos en el entorno que nos rodea e influye en nuestras facultades. Que aprendamos a utilizar la gracia de la Llama de Amor para cegar su influencia y rechazarlos. La Paz del corazón viene de la presencia de Cristo en nuestra alma por medio de la acción del Espíritu Santo. El camino de la Paz que Jesús nos quiere dar es su Madre María. Por medio de Ella nos fue entregado Jesucristo. Los pastores encontraron a Jesús niño en el regazo de su Madre.

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