ES DIOS QUIEN SANA Y LIBERA A LA FAMILIA

El mensaje de la Llama de Amor a los padres de familia nos lleva a comprender que quien nos sana y libera de la acción de los demonios es Jesucristo. Igualmente quien enciende la Llama de Amor y la propaga eficazmente es la Virgen María, no somos nosotros. Este pensamiento nos debe dar paz. Si el combate y la victoria dependieran de nuestras propias fuerzas caeríamos en el desasosiego y desesperanza. Hay etapas y momentos tan duros en el proceso de liberación que podríamos creer que el Demonio es invencible. Si examinamos el Diario con atención nos damos cuenta de que no es un “manual de liberación” sino un camino de “entrega total a Jesucristo”. Lo que en primer lugar importa no es combatir al  Demonio ni a los espíritus malignos; el principal interés no debe ser liberarnos de los sufrimientos, manifestaciones y tentaciones que provienen del mundo oculto. La liberación y sanación se va dando “por añadidura”.

Aunque el objetivo de la Llama de Amor sea cegar a Satanás, lo único que verdaderamente debe importar en esta Devoción es amar más y más a Cristo Jesús, unir nuestros sufrimientos  a sus sufrimientos por la salvación de las almas. En el plan de Dios, hasta la posesión diabólica y todos los ataques y perturbaciones demoníacas sirven para nuestra salvación y santificación: “Por lo demás, sabemos que en todas las cosas interviene Dios para bien de los que lo aman” (Ro 8: 28).  Los manuales y oraciones de liberación casi siempre se centran en la persona que debe ser liberada.  En la Llama de Amor nos centramos en vivir más y más unidos a Cristo. Al ir poniendo en práctica las enseñanzas de Jesús y de María Satanás va perdiendo poder, va quedando ciego y los espíritus malignos quedan atados.  Son todos los miembros de la familia los que se deben involucrar en el proceso de crecimiento espiritual y rodear a las personas afectadas con una oración cada día más profunda. Esto no se opone a que se hagan exorcismos y oraciones de liberación puntuales sobre las personas con problemas diabólicos. 

Es necesario hacerlos pero todos los miembros del hogar deben ser un solo corazón y una sola alma en el propósito de convertir la familia en un Santuario en donde Cristo sea el Rey. Cuando alguien se enferma físicamente todos los familiares están pendientes alrededor del enfermo. En el caso de las afectaciones de tipo espiritual todos los miembros del hogar deben estar en torno al paciente no sólo con manifestaciones de tipo afectivo, sino sobre todo con intensa oración, sacrificios, ayunos, celebración eucarística, arrepentimiento de los pecados personales y familiares. A menudo Dios permite estos ataques diabólicos para que la familia se convierta y abandone situaciones de pecado en las que se vive tranquilamente: fornicación, hechicería, adulterio, ausencia de sacramentos, falta de oración en familia, frialdad religiosa, diversos vicios, división familiar, pleitos, etc. Los milagros de la Llama de Amor no son en primer lugar favores materiales. El principal milagro es la conversión de aquellos corazones empedernidos y alejados de Dios.

Cuando se inicia el camino de la Llama de Amor en familia comienza la iluminación de las mentes y de los corazones: se va tomando conciencia de situaciones en las que se está viviendo y que desagradan a Dios. Igualmente es posible que algunos miembros del hogar experimenten signos de la presencia de espíritus malignos: dolores de cabeza, opresiones en partes del cuerpo, ganas de vomitar, mareos, gritos, desmayos, sueños perturbadores, ruidos en la casa, etc.., Es el momento de discernir y orar por sanación y liberación utilizando los recursos que la Iglesia nos da y el Diario Espiritual señala. Si se detecta una opresión diabólica muy fuerte se recurre a aquellas personas que nos puedan suministrar ayuda (Párrocos, exorcistas, ministerio de liberación). Muchas de las opresiones que vienen de los espíritus malignos se van solucionando con el rezo en familia del Santo Rosario de la Llama de Amor, con el uso de los sacramentales (agua, sal, aceite exorcizado, imágenes benditas, medallas exorcizadas, peregrinaciones, etc.). La familia va aprendiendo a tomar conciencia de la amplia gama de ataques de los espíritus malignos y cómo combatirlos. En este proceso los padres de familia deberían ser los principales actores ya que por su vocación de pastores de su hogar tienen el poder de enfrentar al maligno con autoridad.

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