LAS CONSECUENCIAS DE LOS PECADOS DE IDOLATRÍA Y HECHICERÍA (1)

Si todo pecado abre las puertas a la acción diabólica en las familias el pecado de hechicería es el que más daña a las generaciones siguientes. Estamos hablando del recurso a los espíritus malignos sea para obtener beneficios como para dañar al prójimo.  Es una verdadera idolatría porque implica en sí un culto a los demonios y está íntimamente ligado a las perversiones sexuales. Este pecado está sumamente difundido en el mundo y en nuestro continente americano de manera especial en aquellas culturas que tienen raíces indígenas y africanas. Los textos bíblicos se refieren con gran vehemencia y rechazo a la adoración de falsos dioses y a los diversos aspectos del culto a los espíritus malignos que implica la hechicería. El objetivo de la devoción a la Llama de Amor es la santificación de las familias para convertirlas en verdaderos santuarios en donde reine Jesucristo como el único Señor. Los padres cristianos han de instruirse en todo lo referente a las expresiones de la idolatría, hechicería, y demás prácticas esotéricas que hoy por hoy pululan en todos los ambientes buscando cómo introducirse en las familias.

El pastor es ante todo un guardián que defiende a sus ovejitas de los engaños del lobo. Estos depredadores espirituales se disfrazan con  ostentosos ropajes para convencernos de sus bondades. Sobre todo el ocultismo y esoterismo oriental (Nueva Era, Budismo, religiones, disciplinas de autoperfeccionamiento, Yoga, Reiki, Tantra, Artes Marciales etc.)  esconde bajo un lenguaje seductor el terrible veneno de la acción demoníaca. El pueblo de Israel que había vivido en Egipto durante cuatrocientos años estaba tremendamente contaminado con estas prácticas. Su historia religiosa estuvo marcada de manera única por la permanente lucha contra la idolatría y las prácticas diabólicas. Basta leer a los Profetas para hacerse una idea. El mundo yace bajo el poder del maligno dice San Juan. Hoy como desde el principio de la humanidad caída, y en los siglos del Antiguo Testamento el problema es el mismo porque los demonios son los mismos y persiguen los mismos objetivos. Los cristianos estamos llamados a ser ante el mundo testigos del verdadero culto a Dios en Cristo Jesús y esto implica una lucha sin piedad contra las tentaciones del maligno y sobre todo en este terreno. Cristo vino a destruir las obras del Diablo y su lucha contra Satanás recorre todo el Evangelio.

 La primera gran consecuencia del recurso a la hechicería es el pecado mortal. Es materia de pecado grave todo lo que implica la búsqueda del conocimiento (adivinación del futuro, cartas, espiritismo…) o del poder (diversos tipos de magia…) , o del tener (búsqueda de riquezas, salud,  pactos…) por medio del recurso a los espíritus demoníacos. La pérdida de la gracia de Dios es la peor catástrofe que le puede ocurrir a un ser humano. Hay familias en las que las prácticas esotéricas y de hechicería están profundamente arraigadas desde generaciones anteriores. Se transmiten por herencia y pueden subsistir con las “prácticas religiosas” externas culturalmente aceptables debido a la ignorancia de la Fe. La segunda consecuencia es la frialdad de la mente y del corazón para con Dios. “Este pueblo me honra con los labios, dice Isaías, pero su corazón está lejos de Mí” (Mc 7,6). Los espíritus malignos penetran en las familias, influyen en la mente y en el corazón  y van apartando gradualmente a las personas de la Fe en Jesucristo, del amor a la Iglesia, a la Misa, del amor a la Virgen, de la oración en familia. Viene el rechazo a lo fundamental: a los sacramentos, a la Palabra de Dios.

 Se termina con la negación de la divinidad de Jesucristo y en la adoración práctica a Satanás. Con mucha frecuencia hay en estos hogares opresiones diabólicas mentales y físicas que se traducen en  conflictos intrafamiliares, pleitos, divisiones, perversiones sexuales, ruina económica, enfermedades.  Es un hecho que Satanás paga mal a quien bien le sirve. Las maldiciones que Dios lanza en el Exodo, Levítico, Deuteronomio contra quienes practican la hechicería son un hecho real. No son solamente expresiones culturales de la época antigua. La tercera consecuencia de estas prácticas son diversas afectaciones de tipo psíquico y diabólico que se manifiestan en varios miembros de la familia y se expresan en los hijos, nietos, bisnietos. Cuando leemos el Diario Espiritual encontramos con que este tema no se trata directamente. Es preciso recurrir a las fuentes de la práctica exorcística para verificar estas aseveraciones. El Diario nos presenta el camino para encontrar la satisfacción de las honestas necesidades de los hijos de Dios en las fuentes puras de las prácticas de la verdadera Fe y del verdadero culto a Dios.

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