EL AYUNO AL QUE EL CORAZÓN INMACULADO NOS LLAMA (4)

Es de gran importancia que vayamos a la Palabra de Dios para comprender el sentido del ayuno. Todos los pueblo antiguos ayunaban como parte de sus rituales religiosos para congraciarse con sus divinidades demoníacas. El ayuno que Yahvé pide a Moisés es totalmente diferente. No es Moisés quien tiene la iniciativa. Es Dios quien lo llama y le ordena que suba la montaña. Dios quiere hablar con Moisés. Le va a manifestar “todo su poder”. La montaña se cubre de una espesa nube y desde esa nube Dios lo llamó el sétimo día. “Moisés entró en la nube, y permaneció en la montaña cuarenta días y cuarenta noches (Ex 24,15-18) sin comer pan ni beber agua (Dt. 9:9).  Este relato de Moisés subiendo la montaña para ver y hablar con Dios ha inspirado a lo largo de los siglos la espiritualidad cristiana.

La oración y el ayuno son los dos elementos fundamentales para el encuentro cara a cara con el Señor. Moisés se despoja de todo para subir el monte Sinaí. Una vez en la cumbre se queda esperando a que Dios, que está dentro de la nube, lo llame y le permita entrar en su presencia. Una vez dentro, durante cuarenta días y cuarenta noches, escucha al Señor. Yahvé le revela con lujo de pormenores todo lo referente a su culto.  “En la montaña del Sinaí, Dios le entregó a Moisés las leyes que el pueblo debía obedecer. Dios mismo escribió esas leyes en dos tablas de piedra” (Ex 31,18). Los cristianos  no ayunamos por nuestra propia iniciativa. Es un mandato del Señor. Ni lo hacemos para hablarle a Dios y compartirle nuestras “ideas e intereses”. Se trata ante todo de “escuchar” lo que Dios nos va a decir. 

La oración no es entonces hablarle a Dios, sino escuchar al Señor. Una gran enseñanza que debemos poner en el centro de nuestra vida. Jesús dijo que nos mandaría al mundo como a ovejas en medio de lobos. La Virgen le dice claramente a Isabel que Satanás está lanzando un ataque sin precedentes contra la familia. El pueblo de Israel durante cuatrocientos años estuvo inmerso en la cultura idolátrica de Egipto. Dios sacó a su pueblo de esa esclavitud para despojarlo de esa idolatría.  Actualmente las familias cristianas están inmersas más que nunca en un “mundo faraónico, idolátrico”. Prácticamente hemos perdido  conciencia de lo que significa ser familia cristiana. Estamos desorientados, paganizados. ¿Qué hizo Dios con su pueblo? Lo condujo a contemplar su rostro en el Sinaí. Qué hace la Llama de Amor? Conduce a las familias a contemplar el rostro y las Llagas de Cristo en el monte Calvario. “Veneren públicamente las cinco Santas Llagas de mi Divino Hijo: que no sea una devoción particular sino pública veneración”.

Si las ovejas no tienen un buen pastor se pierden, se desorientan, comen pastos dañinos, o se mueren de hambre y sed, son víctimas de los depredadores.  Jesús es el Buen Pastor que da la vida por sus ovejas. Jesús da el ejemplo de lo que debemos hacer para salvarnos: subió el monte Calvario despojado de todo y llevando sobre sus hombros la pesada cruz de nuestros pecados. Ya en la cumbre fue desnudado y clavado. El monte Calvario es el nuevo Sinaí que debemos subir para contemplar a Cristo crucificado. Cuando los cristianos hablamos de “ayuno” pensamos en despojarnos del pecado y de todo lo que nos lleva al pecado. La privación del alimento material es sólo un medio para llegar al fin: la contemplación del rostro de Cristo crucificado y resucitado.

Por ese motivo Jesús no le dio al ayuno la importancia que los fariseos le atribuían. Les dijo que sus discípulos no ayunaban porque ya lo tenían a Él, que más tarde, cuando el “novio” no estuviese, entonces ayunarían. La Llama de Amor tiene por objetivo en el plan de la Virgen María renovar la Iglesia renovando el interior de las familias. Los padres deben motivar a sus hijos para que toda la familia se una en ayunos periódicos (el Diario propone tres días a la semana, cada uno con sus propias gracias: lunes, miércoles y viernes) que les obtendrán la victoria contra la acción de Satanás. Satanás no duerme. Tampoco los cristianos podemos dormir. Ayunar y orar semanalmente debe ser como los dos pulmones que siempre están trabajando para que la familia pueda gozar de vida abundante en medio del ataque despiadado y permanente del mundo de las tinieblas.

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