La sanación y liberación espiritual familiar exige la renuncia total al pecado

El pecado nos parece apetecible pero una vez que hemos mordido la fruta del árbol nos damos cuenta de que hemos perdido la paz del alma y la felicidad. La serpiente se quita la careta y aparece como lo que en verdad es: anaconda constrictora que nos envuelve y a cada movimiento que hacemos aumenta su poder y nos asfixia lentamente quebrantando nuestros huesos. El destino de felicidad que Dios nos había dado ya desde este mundo se torna amargura. ¡Por nuestra propia culpa! Sólo Dios puede auxiliarnos frente al poder del pecado.
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