EL MIEDO A LA CONFESIÓN

Uno de los ataques más graves de Satanás a la Iglesia es suscitar “miedo” al sacramento de la confesión. Los espíritus malignos pueden influir en la inteligencia, en los sentimientos y en la memoria.  ¿Cuál es la estrategia para impedirnos llegar al medio más poderoso de sanación y liberación? Suscitar rechazo contra él. Satanás ataca en dos niveles. Intelectualmente y afectivamente. Nos presenta “falsos razonamientos o ideas erróneas” contra el sacramento. Nos dice:  “Solamente Dios es capaz de perdonar los pecados. Los sacerdotes son hombres tan pecadores como nosotros y no tienen poder para perdonar. “No te arrodilles ante un hombre tan pecador como tú”.  “Confiésate directamente con Dios”. “La confesión es un invento de la Iglesia. Los obispos en contubernio con los gobernantes de la edad media inventaron la confesión para tener dominados políticamente a los súbditos. Los sacerdotes comunicaban las confidencias de los fieles a los gobernadores para mantener oprimido al pueblo”. 

A nivel afectivo los espíritus malignos suscitan vergüenza, miedo y repudio a la confesión de los pecados. A esto contribuyen desgraciadamente aquellos  sacerdotes que tratan a los fieles con rudeza. Cuando un niño es tratado con regaños o se le infunde miedo a la confesión, es muy probable que de adulto la rechace. Todas estas objeciones no tienen fundamento bíblico pero son eficaces cuando los fieles no tienen fe, ignoran la Palabra de Dios y los efectos maravillosos del sacramento. Quien carece de una fe viva con gusto va donde el psicólogo o el psiquiatra y no tiene vergüenza de contarle sus problemas íntimos y además de pagar dinero. Es necesario que se haga en el seno de la familia católica una verdadera catequesis de la confesión para que los niños aprendan a confesarse bien. Los padres de familia encontrarán en el Catecismo de la Iglesia Católica suficiente material para instruir a sus hijos como es debido.

Sin embargo la mejor catequesis es el ejemplo de los padres que regularmente van a buscar la fuerza espiritual y la paz a la confesión. Los diversos pasos para hacer la confesión constituyen una verdadera oración de sanación interior y de liberación. Quien con humildad repasa su conciencia, se arrepiente con sinceridad de sus pecados, los confiesa con sencillez, recibe la absolución y cumple la penitencia, está haciendo el mejor proceso de sanación interior. Es Cristo vivo quien perdona, sana, renueva el alma, la  fortalece y la libera de la principal acción diabólica: la atracción al pecado. Por ese motivo hay que pasar de la confesión superficial, rutinaria, sin verdadero conocimiento de los pecados y sin profundo dolor o contrición perfecta a una confesión tal como lo pide la Iglesia. La confesión frecuente debilita a Satanás, lo ciega, lo ata y lo aleja. La corriente protestante, al no tener los sacramentos y especialmente la confesión, hace de la oración de sanación y liberación un proceso centrado en sí mismo. En cambio, en la Iglesia católica, dotada de una riqueza increíble de medios de sanación y liberación, la Paz del alma y del cuerpo, es fruto de la vivencia intensa de todos los elementos que constituyen la Fe. 

 La Palabra de Dios conocida, amada y practicada; los sacramentos, especialmente la confesión, la comunión y el matrimonio; las diversas devociones a  Jesucristo, la Virgen y los Santos; la permanencia constante en la gracia de Dios por el cumplimiento amoroso de los mandamientos de la Ley de Dios; las diversas formas de penitencia entre las cuales está el ayuno; la dirección espiritual y las oraciones de liberación, o el exorcismo en caso necesario; la obediencia al Magisterio, constituyen la garantía del cumplimiento de la palabra de Cristo al resucitar: mi Paz les dejo mi Paz les doy.  No se puede ser católico a medias. Ser católico implica vivir el todo. No se puede escoger lo que a uno le gusta y rechazar lo que nos disgusta. La Llama de Amor nos lleva a ir descubriendo gradualmente, desde niños, el panorama total de la revelación de Cristo. Ser católico es un proceso de santificación que se inicia en el bautismo, se cierra con la muerte, se concluye con la purificación y culmina con la entrada en el Cielo. Ese es el camino de la Llama de Amor del Inmaculado Corazón de María.

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