EL SACRAMENTO DE LA RECONCILIACIÓN EL GRAN INSTRUMENTO DE SANACIÓN Y LIBERACIÓN

En estos últimos siglos, tan llenos de dolor para el mundo, el Señor manifiesta de una manera extraordinaria su Misericordia en las diversas intervenciones y mensajes dados a la Iglesia. Dios llama a la humanidad entera al arrepentimiento.  Las apariciones del Sagrado Corazón a Santa Margarita María, y especialísimamente en nuestros días la devoción a la Divina Misericordia de Santa Faustina, son un llamado a confiar en el amor de Dios a los pecadores. Es un llamado urgentísimo a una humanidad ciega y sorda que se hunde cada vez más en el rechazo a la voluntad de Dios.  Como la Virgen lo dijo en Fátima la Justicia divina exige reparación por tanto pecado. El hombre quiere poner a Dios a un lado y rehusa someterse a la voluntad del Creador. Como consecuencia de esta insensatez  la humanidad  se ha hundido en una espiral de dolor y de tragedias sin precedentes. 

Las guerras sobre todo son el castigo del pecado. Millones de personas han muerto y siguen muriendo víctimas del odio satánico a la humanidad. Dios no quiere la muerte del pecador, sino que se convierta y viva. Aunque el hombre peque hasta el extremo la misericordia de Dios se impone sobre su Justicia y en vez de castigar quiere perdonar.  El mundo no conoce la Misericordia de Dios. Nos ha escogido como familias católicas a anunciar este amor infinito de Dios a los pecadores. Estamos llamados a ser sal y luz de la tierra. Debemos anunciar la misericordia de Dios al hombre pecador. Si los hombres no dejan de ofender al Señor la humanidad corre hacia su destrucción, nos dice la Virgen en Fátima. Pero ¿cómo vamos a ser sal y luz de la tierra si nuestras familias están envueltas en la misma violencia que agobia al mundo? 

El mensaje de la Llama de Amor a las familias que profesan la fe católica es que se conviertan en Santuarios (lo que muchos llaman actualmente “Refugios”) donde reine Jesucristo.  María le dice a Isabel que el odio satánico quiere destruir a la humanidad y que es indispensable cegarlo. Las familias católicas deben cegar a Satanás con la Llama de Amor del Inmaculado Corazón de María. Uno de los más importantes instrumentos para adquirir la paz en las familias es el sacramento de la reconciliación, también llamado Confesión de los pecados. Isabel se confiesa frecuentemente y en este sacramento ella encuentra la fuerza del Señor que le ayuda a vencer las tentaciones del enemigo y la paz del corazón. Actualmente en la Iglesia a nivel universal se está perdiendo el amor al Sacramento de la Reconciliación. Los fieles buscan a los sacerdotes para confesar sus pecados y no los hayan. El resultado es que este sacramento tan importante está desapareciendo. 

En muchos lugares los católicos ya no se confiesan y se acercan a la eucaristía en situación de pecado grave. Los fieles católicos deben aprovechar este sacramento para recuperar la fuerzas espirituales que necesitan y recibir la Paz que Jesús nos da el día de la resurrección.  “La Paz sea con vosotros. …A quienes perdonéis los pecados les serán perdonados…” (Jn 20,23). Lo esencial de la misión de Jesús es perdonar (Lc 5,20; 7,48; Mt 9,5; Mr 3,28). No hay vicio ni pecado que resista el poder de la confesión frecuente. Es el más importante medio que Jesucristo nos da para vencer los ataques diabólicos. Quien se confiese frecuentemente con sinceridad se verá victorioso de todos los ataques satánicos. El medio más poderoso en el proceso de liberación de las almas afectadas por la acción de los espíritus malignos es el sacramento de la reconciliación. No es el sacerdote el que libera, es el Espíritu Santo a través de los sacramentos y en especial la Confesión delos pecados.

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