CRECER EN HUMILDAD

En el combate contra el mundo de las tinieblas la primera virtud que debemos adquirir es una gran humildad. ¿En qué consiste? En tomar conciencia de que por nosotros mismos no podemos enfrentar de manera victoriosa al maligno y a su mundo de tinieblas. Solamente Jesús puede destruir las obras de Satanás. La humildad es un camino que se va recorriendo a lo largo de toda la vida y se adquiere contemplando a Jesús crucificado, humillado hasta la muerte y muerte de cruz. Es un don del Señor. Es necesario orar mucho y pedir la gracia fundamental: creer firmemente en el poder de la Sangre de Cristo.  El Señor nos va enseñando a no confiar en nosotros mismos, sino solamente en Él. La primera gran trampa que Satanás nos pone cuando hacemos oraciones de liberación es provocarnos.  Busca herir nuestro amor propio para que reaccionemos con soberbia. ¿Cómo nos provoca? Con insultos, ofensas, desprecios, amenazas, lisonjas, silencio, desobediencia, etc.

Siendo los demonios una sola cosa, todos son orgullosos, soberbios, violentos, hirientes, rebeldes, ofensivos. Esa es su mayor debilidad porque cuando los sometemos a Jesucristo y especialmente a la Virgen María, se derrumban. En las oraciones de liberación no solamente aparecen demonios, sino también brujos y brujas vivos y muertos. Igualmente aparecen almas, muchas de las cuales están atadas, dominadas, oprimidas por los demonios y por los brujos. Estas almas sufren muchísimo. Los demonios y los brujos se expresan con orgullo y violencia. Las almas sufrientes se expresan casi siempre con humildad, dolor, angustia, tristeza, desesperación o silencio, según sea su estado y Dios se lo permita. 

El mundo invisible nos “rodea”, no lo vemos, pero lo experimentamos. Influye en nosotros, en nuestra mente, pensamientos, imaginación, sentimientos, emociones, acciones. Jesús, María, los ángeles y los santos están con nosotros en la medida en que nuestra inteligencia y voluntad están abiertas a su presencia. Ellos nos aman infinitamente, nos ayudan, nos protegen, nos dan paz, la paz de Jesús. Ellos luchan contra los demonios.  Los “espíritus malignos” intervienen en nuestra vida en la medida en que les abrimos las puertas. Éstas se abren por el pecado, especialmente los pecados de esoterismo.  Se los invoca y ellos vienen y penetran en las personas y en las familias.  Provocan lo contrario de la paz: desasosiego, miedo, angustia, desesperación, tristeza, odio, rencor, ira, violencia, fracaso, miseria, sordidez espiritual y material, etc.  

La humildad nos lleva a experimentar en lo más profundo del alma nuestra incapacidad de salvarnos por nuestras propias fuerzas. El fruto de esta humildad es caminar detrás de Jesús, unidos a Él, protegidos por Él, obedientes a Él. La humildad nos lleva a someternos total y absolutamente al Padre celestial. El orgullo nos lleva a la ilusión de que somos nosotros los que expulsamos a los demonios, a sentirnos poderosos, fuertes, a alardear de nuestros “carismas”, a “tomar la dirección de la oración”, a ser arrogantes. Si tenemos algún poder sobre los demonios es porque el Señor nos lo presta para que procuremos su gloria, no porque lo merezcamos. La humildad lleva a la familia a refugiarse en Dios por la oración, la obediencia a su Palabra, la vivencia de los sacramentos, la práctica de penitencia y de las virtudes cristianas. Cuando recorremos las páginas del Diarios Espiritual vemos que Jesús y María llevan a Isabel por el camino de la humildad. A través de grandes humillaciones y sufrimientos Isabel va adquiriendo la virtud fundamental del cristiano: la humildad de Cristo.

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Un comentario

  • María Mercedes Rojas Pérez

    Por eso San José es importante en nuestro caminar cristiano porque el quien nos dota de esta gran virtud la humildad

    Por eso mi devoción a San José se ha activado en este año jubilar dedicado a San José

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