EL DEMONIO ASMODEO (4)

Queridos padres de familia: Los cristianos tenemos un Maestro y Modelo de vida. Se llama Jesucristo. Él nos promete la Vida Eterna. Nos dice: el que quiera venir en pos de Mí, que tome su cruz y me siga. Sabemos que fuera de Jesucristo no hay salvación. Si queremos entrar en el Reino de los Cielos debemos conocer su Palabra y ponerla en práctica. “No es el que dice Señor, Señor, el que entra en el Reino de los Cielos sino aquel que hace la voluntad de mi Padre celestial”, nos dice Jesús. Él no vino para destruir la Ley sino para darle su cumplimiento. Si queremos entrar en la Vida Eterna es entonces necesario que conozcamos la Ley de Dios. Para eso vamos a las Sagradas Escrituras, especialmente al Santo Evangelio y a los escritos de los Apóstoles. El verdadero discípulo de Cristo es aquel que piensa como Él y actúa como Él. Cuando llevamos en nuestra mente ideas que contradicen los principios que Jesús nos enseña no somos verdaderos discípulos.

Somos falsos, estamos equivocados y como los pensamientos llevan a la acción terminaremos actuando y viviendo de una manera contradictoria a sus enseñanzas. Es de primordial importancia estar bien instruido en la doctrina de Cristo Jesús para no vivir de manera equivocada. Nos arriesgamos a vernos rechazados ante las puertas del Reino. Así le pasó a las jóvenes necias que no tenían sus lámparas encendidas cuando vino el Esposo. El Señor les dijo: “no las conozco” y no les permitió entrar en el banquete. Respecto a la sexualidad humana hay que ir a buscar en la Ley de Dios lo que nos dice Jesús. El sexto y el noveno mandamiento nos dicen que no debemos cometer acciones impuras ni debemos desearlas. Estos dos mandamientos se refieren a las relaciones que se deben dar entre el hombre y la mujer en vistas a la formación de la familia de acuerdo al querer divino.

El pueblo de Israel recibió la Ley de Dios como guía de su conducta moral. Jesús perfeccionó esa Ley la cual nos ha sido explicada en el Evangelio y en las enseñanzas de los Apóstoles, de los Padres de la Iglesia y en el Magisterio del Papa y de los Obispos. Es allí donde debemos ir a buscar nuestra norma de conducta en cuanto a la sexualidad.  Lo primero que debemos saber es que nuestros cuerpos por la gracia del Bautismo son “templos del Espíritu Santo” y que debemos respetarlos y cuidarlos porque no somos “dueños” sino solamente depositarios. Dios es el dueño y Señor de nuestros cuerpos. Le pertenecemos. La palabra fornicación (No fornicarás) hace referencia a la relación sexual entre el hombre y la mujer fuera de la santidad del matrimonio. «No os engañéis: que ni los fornicarios, ni los idólatras, ni los adúlteros … heredarán el reino de Dios» (1 Cor. 6:9–10) nos dice San Pablo. Se trata de un pecado que nos conduce a la muerte eterna. 

Los discípulos de Cristo debemos atenernos a sus enseñanzas en materia de la sexualidad so pena de vernos privados de la gracia de Dios y expuestos  a la condenación eterna. La base de una familia feliz es la fidelidad a la Ley de Dios. Los cristianos fuimos enviados para anunciar la salvación a todas las naciones como “ovejas en medio de lobos”.  Es nuestro deber transmitir a los que nos rodean el pensamiento de Jesucristo para que el mundo se salve. Uno de estos puntos fundamentales es el sentido de la sexualidad. El reino de las tinieblas en materia de sexualidad busca degradar por todos los medios al hombre y a la mujer al nivel de los animales para distorsionar el plan de Dios. Los animales actúa por instinto. Los discípulos de Cristo debemos actuar movidos por la acción del Espíritu Santo. No debemos seguir las enseñanzas de los paganos (de los que no conocen a Jesucristo) que constantemente nos invitan a servirnos de nuestra condición sexuada para obtener de ella placeres carnales prohibidos por la Ley de Dios. 

La acción de los espíritus inmundos es notoria en el campo de la sexualidad. Los servidores de Satanás hacen propaganda de una sexualidad “liberada” de la Ley de Dios. Para ellos tanto el hombre como la mujer son libres de tener relaciones sexuales con quien quieran y como quieran y a la hora que quieran. Hablan de libertad sexual como si fueran dueños de sus cuerpos. El objetivo de la sexualidad para el que no cree en Jesucristo es el placer de la carne. El término de esa falsa libertad del pagano es la “esclavitud” de las pasiones. Para el discípulo de Cristo el cuerpo es como una “hostia viva” que se ofrece a Dios en la santidad. El premio que Dios da en esta vida a los que guardan sus cuerpos en la santidad es la felicidad en el interior de la familia. La fornicación destruye la paz y arrastra consigo infinidad de pecados, entre ellos el aborto de los inocentes. Detrás de todas esas desviaciones en el campo de la sexualidad humana está Asmodeo.

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Un comentario

  • María Mercedes Rojas Pérez

    Exelente está enseñanza, nuestra sexualidad debe ser cuidada desde nuestra infancia y esto se le pide con profunda vida espíritual a Dios , a San Rafael Arcángel Sanador de la vida de los novios como Sara y Tobias

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