JESÚS ES QUIEN NOS LIBERA DE SATANÁS

El autor de la carta a los Hebreos nos da el verdadero sentido de la oración de liberación tal como la Llama de Amor nos lo presenta. Debemos meditar y orar profundamente estas palabras:  “14 Debido a que los hijos de Dios son seres humanos  hechos de carne y sangre el Hijo también se hizo de carne y sangre. Pues sólo como ser humano podía morir y sólo mediante la muerte podía quebrantar el poder del diablo, quien tenía el poder sobre la muerte. 15 Únicamente de esa manera el Hijo podía libertar a todos los que vivían esclavizados por temor a la muerte. 16 También sabemos que el Hijo no vino para ayudar a los ángeles, sino que vino para ayudar a los descendientes de Abraham. 17 Por lo tanto, era necesario que en todo sentido Él se hiciera semejante a nosotros, sus hermanos, para que fuera nuestro Sumo Sacerdote fiel y misericordioso, delante de Dios. Entonces podría ofrecer un sacrificio que quitaría los pecados del pueblo. 18 Debido a que Él mismo ha pasado por sufrimientos y pruebas, puede ayudarnos cuando pasamos por pruebas (He 2:14–18).  

Es Jesús “ofrecido en sacrificio a Dios por nuestros pecados” quien quebranta el poder del Diablo. Él se hizo “carne y sangre” para poder llevar sobre sí nuestros pecados y dolencias, para poder morir. Su muerte expiatoria destruyó en nosotros el poder de Satanás. Vino para “ayudarnos”, por eso se hizo en todo semejante a nosotros. Él es nuestro Sumo Sacerdote fiel y misericordioso delante de su Padre y nuestro Padre. Todos nuestros dolores y sufrimientos, todas nuestras pruebas, ya las pasó Él. El combate espiritual en la perspectiva del mensaje de la Llama de Amor consiste esencialmente en dejar actuar en nosotros a Cristo y Cristo crucificado. Por ese motivo el Diario no presenta “oraciones de liberación” tal como aparecen en tantos devocionarios modernos. En sí misma la Devoción, el Rosario con la jaculatoria, es una verdadera y poderosa oración de liberación en el sentido pleno de la palabra. “Derrama el efecto de gracia de tu Llama de Amor sobre toda la humanidad” significa que el poder de la Redención – el efecto de gracia- se derrame sobre todos y cada uno de los seres humanos (difuntos y vivos). 

Estamos pidiendo, en unión íntima con María Madre de la Iglesia, la poderosísima intercesora, que el poder de la sangre de Cristo se derrame sobre todos nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. ¿Podríamos elaborar una oración de liberación más perfecta y poderosa que ésta? Es la Iglesia atribulada por el poder de los espíritus malignos la que implora a la Madre de Dios que derrame sobre todos nosotros pecadores lo que Ella lleva en sus manos: la sangre de su Hijo. Al pie de la Cruz la Madre de la Iglesia íntimamente unida al sacrificio de su Hijo ofrece al Padre Eterno el precio de nuestra Redención. Ella es escuchada y el fruto de ese Sacrificio se derrama hoy sobre todos aquellos que con humildad se vuelven hacia Jesús. Aquí queda “cegado Satanás”. “En verdad todo se reduce a esto: ¡cegar a Satanás! Este es el principal y único fin de la Llama de Amor de la Santísima Virgen de la cual Ella dijo que una efusión de gracia tan grande como ésta todavía no se derramó sobre la tierra desde que el Verbo se encarnó” (DE 23-2-1964). 

El rezo en familia del Santo Rosario de la Llama de Amor es pues la oración de liberación que la Madre de Dios da a la Iglesia y especialmente a la familia para lograr el cegamiento de Satanás a nivel personal, familiar y mundial. En nuestros días  el ataque diabólico a la Iglesia es tan tremendo que pareciera que la barca de Pedro se está hundiendo. Por todos lados los poderes de las tinieblas la están  golpeando inmisericordemente: desde dentro y desde fuera. Sus enemigos están persuadidos de que con su poder económico, ideológico, cultural, político,  lograrán corromper a la Esposa de Cristo. Sabemos quiénes son los que están detrás de esos ataques. Si seguimos las indicaciones del Inmaculado Corazón de María su Llama de Amor terminará por cegar a Satanás.

 Será un terrible combate para las próximas generaciones de cristianos, pero la Señora  vencerá al dragón. Ella lo ha dicho: “Al final mi Inmaculado Corazón triunfará”. Debemos promover, dar a conocer, expandir el mensaje de la Llama de Amor porque es la gran Esperanza que tenemos. Solamente la pasión de Cristo puede salvarnos. Es necesario que la humanidad entera acepte que la Sangre de Cristo se derrame sobre ella. El Rosario parece poca cosa pero es la piedra que desprendiéndose del monte golpeará los pies de la gran estatua que tiene los pies de barro y la convertirá en añicos (Daniel 2, 34-38). David derrotó a Goliat con una sola piedra. De nosotros depende que la gracia de la Llama de Amor sea conocida y aceptada en la Iglesia.

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