DEBEMOS ERRADICAR EL PECADO DEL INTERIOR DEL HOGAR

Las enseñanzas del Diario Espiritual nos llevan a rechazar el pecado como la raíz del poder que los espíritus malignos ejercen sobre nuestras personas y nuestras vidas. Para vencer a Satanás debemos cortar radicalmente con el pecado. Esto no deja de ser muy difícil. A pesar de que nos hayamos arrepentido, confesado y hecho penitencia, los pecados cometidos y perdonados continúan teniendo influencia sobre nosotros. Es tan grave el rechazo a la voluntad de Dios que nuestra alma queda como impregnada del pecado. No basta con que Dios nos haya perdonado. Es necesario repararlo. La reparación se hace o en esta vida o en el purgatorio después de la muerte. Isabel con mucha frecuencia expresa al Señor el profundo arrepentimiento por sus pecados. Con gran dolor le pide perdón y le ofrece reparación por los mismos”. Jesús le expresa su contento por ese constante arrepentimiento. El dolor conduce a la Confesión de los pecados en el sacramento de la reconciliación. Jesús se queja de que los cristianos no lo utilizan: “He instituido el Sacramento de la Confesión y ustedes no hacen uso de él”. 

Para que el proceso de liberación avance es necesario que la persona afectada abandone el pecado, tenga un profundo dolor y arrepentimiento de haber ofendido a Dios,  se acerque con frecuencia a los sacramentos de la reconciliación y de la comunión al Cuerpo de Cristo, repare sus pecados por medio de penitencias. Jesús insiste llamando la atención a aquellas personas que “se dejan empolvar en el fondo de su alma” y que no aprovechan el Sacramento para limpiarla. La invocación de la Llama de Amor debe ir acompañada de la vivencia profunda del rechazo al pecado y de la gracia de los sacramentos. El papel fundamental de esta gracia es el de prevenir, proteger la familia de los ataques perniciosos de Satanás. El estudio y la vivencia permanente de la Palabra, de los Sacramentos y de la oración serían suficientes para proteger de manera general de los ataques más poderosos; sin embargo no basta el aspecto protector ya que no hay familia tan perfecta que no sea víctima de las astucias sutilísimas y de las estrategias falaces de los enemigos. 

La Llama de Amor tiene su aspecto defensivo. Protección y defensa van juntas y casi podríamos decir que son una sola cosa. La vivencia de esta gracia implica un crecimiento dinámico que nunca debe detenerse. Mientras vayamos integrando con mayor generosidad los elementos de crecimiento que nos propone el Diario Espiritual veremos cómo los poderes  Satánicos se van desvaneciendo. Especialmente el ayuno a plan y agua, las mortificaciones espirituales y físicas, los sacrificios dolorosos ofrecidos para contrarrestar los ataques de las pasiones carnales, la aceptación humilde de las innumerables cruces que Dios envía elevan el nivel defensivo de la familia. Isabel va creciendo de día en día en el conocimiento y puesta en práctica de la Llama de Amor. El tercer aspecto que nos interesa es el ataque del alma y de la familia a los espíritus malignos. No se puede “convivir”, “pactar” con el enemigo. Los espíritus malignos se “enquistan”, “se establecen comodonamente” en las personas y en las familias. “Estoy bien aquí, dicen, no quiero salir”. 

Las personas y las familias “se acostumbran” perezosamente a la presencia nefasta y falaz de estos seres abyectos y perversos. No luchan o porque “no los ven, no los detectan, no captan su presencia”, o porque les tienen miedo, o porque son negligentes y no quieren asumir los dolores que un combate necesariamente conlleva. Los ejemplos son innumerables: familias que rezan diariamente el rosario, van a misa los domingos, leen y estudian la Palabra de dios, se confiesan, comulgan, etc. pero no superan  una vida de pleitos, rencores, murmuraciones, divisiones; su oración es mediocre, o solamente una parte de los miembros toma en serio adquirir la gracia; algunos tienen una vida de piedad notable pero hay otros que están atados a vicios graves como alcoholismo, promiscuidad, adulterio, desviaciones sexuales, etc.  

Jesús bien lo dijo: «¿Creen que estoy aquí para poner paz en la tierra? No, se lo aseguro, sino división. Porque desde ahora habrá cinco en una casa y estarán divididos; tres contra dos, y dos contra tres; estarán divididos el padre contra el hijo y el hijo contra el padre; la madre contra la hija y la hija contra la madre; la suegra contra la nuera y la nuera contra la suegra” (Lc 12:51–53). Al crecer en la Fe y agudizar nuestra capacidad de discernimiento de la presencia y acción de los espíritus malignos, estamos llamados a llevar la iniciativa del combate para derrotar esos monstruos que impiden a la familia crecer espiritualmente y la dejan atada, detenida, en su vocación a la santidad. La Virgen pide que la familia entera viva su gracia y todos se conviertan en un Santuario Familiar.

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