CRISTO CRUCIFICADO ILUMINA ESTE MUNDO SUMIDO EN LAS TINIEBLAS

“¡Cómo me agrada cuando tu corazón siente conmigo y se estremece por cada pequeñez! Es la continua docilidad a mis inspiraciones que inunda tu alma tan rápidamente con su luz. “¡Yo soy la Luz de Cristo!” Pueden levantar su mirada hacia Mí. Yo soy la majestad y grandeza del sacrificio, la inagotable profundidad de la misericordia, la abundancia del ejemplo, el Dios de la paciencia perdurable, la bondad inconmovible que de Mí fluye hacia ustedes con caudal arrollador. Sí, ¿quién podría decir todo esto de sí mismo? Sólo Yo, la “Luz de Cristo”, que soy de la misma naturaleza del Padre. He hecho todo a fin de ser para ustedes la “Luz del Mundo” a quien tienen que seguir. Yo el dador de fuerza para la debilidad humana, he convencido al mundo, indicándole también con mi naturaleza humana el camino que han de seguir” (DE 15-2-1964).


Es hacia Cristo crucificado, Luz del mundo, Llama de Amor, que todos debemos levantar la mirada. Él da la fuerza para la debilidad humana…es el Camino que hemos de seguir. Estas palabras tan consoladoras se las dirige Jesús a Isabel después de ella fuera víctima de un “ataque agotador de alma y cuerpo que duró horas enteras y mantenía mi mente en oscuro tormento”. La victoria de Isabel contra el ataque de Satanás proviene de su continua docilidad a las inspiraciones de Jesús. Cristo ilumina su alma rápidamente con Su Luz. Cuando decimos que el crucifijo es el arma principal de cada cristiano y de la humanidad entera contra el mundo de las tinieblas no nos estamos refiriendo sólo al objeto físico, sino sobre todo a que Isabel se ha convertido en “otro Cristo crucificado”. Cuando el discípulo de Jesús lleva la Cruz de cada día se convierte en un Cristo crucificado viviente.


Ya no soy yo quien vivo, dice San Pablo, sino Cristo que vive en mí. Y es entonces cuando Satanás es “cegado” en nuestras vidas: viene la victoria contra las tentaciones del Maligno. Si la devoción a la Llama de Amor consistiese solamente en la repetición de la jaculatoria, o el rezo del rosario, correríamos el peligro de convertirla en un fetiche o un amuleto espiritual. No entenderíamos el papel del dolor, del sufrimiento, de los ataques del Demonio en nuestras vidas. ¿Por qué el Señor somete a Isabel a unas pruebas tan duras, tan dolorosas? ¿Por qué el Demonio la ataca con tanta violencia? Porque detrás de esos sufrimientos está la voluntad salvífica de Dios que quiere santificar a Isabel y volverla imagen viva de Cristo crucificado. Infinidad de discípulos de Jesús se quejan de los sufrimientos de esta vida; reclaman contra Dios y lo acusan de los males de este mundo.


Los pobrecitos no comprenden que Dios no actúa arbitrariamente en nuestras vidas sino que lo hace con la lógica de la Sabiduría divina. El pecado de Adán y los pecados actuales nos han merecido la “condenación eterna” y no hay otro medio para reparar la Justicia divina que la muerte de Cristo en la cruz. Dios es infinitamente misericordioso cuando nos da la oportunidad de sufrir y de reparar nuestros pecados y los de toda la humanidad por medio de las pequeñas o grandes cruces de cada día. El que rechaza esas cruces no puede salvarse. No existe otro camino de salvación -aunque nos parezca locura, estupidez, escándalo, mentira-que el dolor de cada día UNIDO A LOS DE CRISTO.


Nuestra gran oportunidad para superar este conflicto interior está en la GRACIA DE DIOS, es decir en la AYUDA ESPIRITUAL que el Señor nos da que ilumina nuestro cegato entendimiento (la LUZ DE LA LLAMA DE AMOR) para que aceptemos la cruz, la vivamos y hagamos de ella nuestra arma poderosísima que vence a Satanás. No hay otro medio para salvarse. La lectura meditada y orante del Diario Espiritual nos lleva a esta conclusión. La devoción a la Llama de Amor (y todas las devociones bien vividas) nos llevan a acoger con humildad y amor ardiente la voluntad salvífica de Dios sobre nuestras vidas. Es el mensaje del Padre Nuestro…”venga a nosotros tu Reino, hágase tu voluntad,…danos hoy el Pan (la cruz) de cada día…perdona nuestras ofensas… y líbranos del Maligno”.

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