EL CUIDADO DE LA INTELIGENCIA, DE LA VOLUNTAD Y DE LA MEMORIA

Las tres puertas por medio de las cuales los espíritus malignos afectan nuestra persona son las facultades del alma: Inteligencia (pensamientos), voluntad (sentimientos)y memoria (recuerdos). Después sigue la accion sobre nuestro cuerpo y la acción sobre nuestro entorno por medio de los maleficios de todo tipo. Muy a menudo pensamos que somos nosotros los que estamos pensando, sintiendo, recordando cosas y en realidad son acciones de los espíritus malignos que tratan de confundirnos para alejarnos siempre de lo más importante: de la acción del Espíritu Santo en nuestro interior. Cuando Dios nos crea lo hace para que lo amemos con “todo nuestro corazón, con toda nuestra alma, con todas nuestras fuerzas, sobre todas las cosas”. Allí está la paz y la felicidad de la persona humana. Para alcanzar esta Paz recurrimos a quien la da, Jesucristo. El Señor nos dice: “Mi Paz les dejo, mi Paz les doy…”. Estamos unidos a Cristo en primer lugar por los Sacramentos y su Palabra. Por eso son tan importantes el Bautismo, la Confirmación y la Eucaristía. Estos Sacramentos nos dan la gracia de Dios, nos constituyen soldados de Cristo con poder para enfrentarnos con gallardía al enemigo de nuestra salvación y nos fortalecen constantemente. 

 El Señor nos habita real y verdaderamente, su Espíritu Santo nos habla, nos ilumina, nos conduce. Toda interferencia con esa Presencia Santísima perturba y hasta puede destruir la comunicación íntima que debemos tener con Dios que que vive en nuestro interior. Igualmente pasa con nuestros sentimientos. El Demonio busca con toda su astucia confundir nuestra Inteligencia y nuestra Voluntad para que no escuchemos ni experimentemos esa presencia divina en nuestro interior. Esta es la más peligrosa de las acciones diabólicas porque tiende a suplantar a Dios por medio del engaño, de la mentira, de la confusión en la inteligencia y en los sentimientos. Los espíritus malignos influyen en la memoria para traer a nuestra conciencia recuerdos negativos o pecados cometidos y transformarlos en pensamientos y sentimientos de culpabilidad, depresión, angustia. etc. Nuestra persona es la que debe luchar contra los ataques del enemigo maligno que a través de las facultades del alma y del cuerpo va a tratar de convertirse en el señor de nuestras vidas. El Demonio quiere reinar en nuestra persona, quiere ser el dios al que nos sometamos y sirvamos. Por ese motivo nuestra primera responsabilidad es impedir al demonio penetrar las facultades del alma. 

La Llama de Amor es el instrumento dado por el Corazón Inmaculado de María para cerrarle las puertas del alma: inteligencia, voluntad y memoria. La repetición de la jaculatoria “derrama el efecto de gracia de tu Llama de Amor sobre toda la humanidad” en forma de oración ininterrumpida (repetición lenta de la jaculatoria 1Tes 5,17). impedirá que el pensamiento, la voluntad, la memoria sigan trabajando bajo la influencia de los ataques diabólicos. La jaculatoria tiene el mismo efecto que tiene la llamada “oración del corazón, o de Jesús” de la espiritualidad oriental (hesicasmo): nos hunde en la contemplación del Padre-Hijo-Espíritu Santo, hace silencio en nuestro interior. Repetir, repetir, repetir lentamente y sin descanso la jaculatoria parecería monótono y sin sentido, y aburrido… En realidad no es así. Cada vez que saboreamos lentamente la jaculatoria el demonio va perdiendo fuerza. La Virgen María lo va aplastando. Es algo así como respirar. Este es el primer paso para experimentar la Paz del pensamiento, de la voluntad y de la memoria. Poco a poco nos vamos acostumbrando a renunciar al discurso racionalista que llevamos en el interior, a las fantasías sentimentales, y a vivir en el pasado hundidos en la depresión o en la culpabilidad por los errores cometidos. Llegamos a vivir “en la presencia de Dios”. 

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