LOS DEMONIOS QUEDAN PARALIZADOS CON LA LLAMA DE AMOR

En el Diario Espiritual aprendemos a luchar contra Satanás. El Señor permite que Isabel sea atacada por los espíritus malignos. La pedagogía divina nos va a enseñar muchas cosas acerca del combate espiritual a través de la experiencia de Isabel. Ya en la primera página del Diario la Sierva de Dios nos relata: “el enemigo malo me molesta continuamente”. Le sugiere ideas obsesivas para que abandone la lucha y se aleje de Dios. El Demonio trata de confundir su inteligencia. Isabel experimenta miedo, espanto ante estos ataques. Su reacción es luchar. Entra en un combate que dura tres años. La lucha es larga, espantosa. Las obras de piedad, las oraciones las siente “vacías”, cansadas, aburridas. El rostro de Dios le parece borroso, lejano. Decide dejar de ir a Misa porque no le encuentra sentido. El ayuno le parece una tontería. Experimenta angustia interior. Oye en su alma las palabras horribles del enemigo.

Siente repugnancia por la confesión de sus pecados. No se atreve a acercarse a la comunión. Siente el alma seca, no experimenta arrepentimiento, su vida religiosa la  siente “mecánica”. Siente al maligno a su lado que la increpa: “Tonta, ¿para qué te sirve todo esto? Descansa bien y no des importancia a estas cosas”. La acción del Demonio va contra la divinidad de Jesucristo. Quiere que Isabel dude del poder de Jesús. “Todo se hizo oscuro y triste alrededor de mí”. El maligno trata de que Isabel abandone su vida de penitencia y busque cómo casarse de nuevo. La asaltan pensamientos “terribles” que por su falta de fe enturbiaban su capacidad de ver con claridad. El maligno se presenta como un ángel de luz para perturbar la paz de su alma y hacerle creer que su relación con Jesús es “mera ilusión”. En el corazón de Isabel hay incertidumbre, una terrible oscuridad. Durante todo este combate Jesús no la ha abandonado. Le habla, la sostiene, le hace experimentar su miseria pero la fortalece con su amor. 

Llega el momento en el que este período de lucha se atenúa y su alma comienza a sentir alivio. Jesús le dice “en las tentaciones refúgiate bajo el manto de nuestra Madre. Ella te defenderá del maligno que continuamente te molestará. Yo estaré contigo si perseveras junto a Mí” (DE marzo 1962). El Demonio continuará a perturbarla:”…el maligno oprimía sin cesar mi alma. El maligno comenzó a torturar mi alma..” De ninguna manera lograba librar mis pensamientos de su influencia”, “…suscitó un gran miedo en mí. Era una sensación tan terrible como si hubiera querido tomar posesión de mí, pero algo se lo impedía”. “Estaba con mi mente oscurecida”…”no podía moverme ni en lo más mínimo”…Al salir del Templo el maligno “me acompañó”…En forma muy humanitaria comenzó a hablar conmigo” (para que abandonara el llamado que Jesús le había hecho de difundir la Llama de Amor). 

El maligno la atormenta tremendamente, Isabel intenta rechazarlo con todas sus fuerzas. Dice Isabel:  “toda ayuda del Cielo se interrumpió y sólo la oscura inquietud de la noche cayó sobre mí”. Pasada esta gran tentación la Virgen María le explica que a través de esa gran prueba  ellos han querido a aumentar su humildad” para hacerla más apta para propagar la Llama de Amor. Siguiendo el desarrollo de las confidencias que Isabel nos hace en su Diario nos damos cuenta de que llega un momento en que el Demonio “queda ciego”, desarmado: “Sentía como si a tientas un ciego se hubiera ido de mi lado”. “Como Satanás ahora está impotente, ciego, los espíritus malignos están mirando tiesos, inactivos como si se hallaran en un gran letargo. No saben qué ha pasado, Satanás ha dejado de darles órdenes” (DE 1-8-1962). 

Isabel ha empleado la jaculatoria de la Llama de Amor en su lucha contra el enemigo. El resultado ha sido que el Demonio ha quedado ciego y los espíritus malignos inferiores han quedado paralizados. Aunque para Satanás no hay lugar inaccesible los hijos de María deben sacar fuerzas de su  Llama de Amor. Nuestra Señora los apoyará en su trabajo “con milagros nunca vistos hasta ahora. La vida de Isabel fue la de una víctima entregada al Señor por la salvación de las almas. Dios quiso que esta Sierva de Dios fuese atormentada hasta el final de su vida por tremendas tentaciones para que nosotros comprendiéramos que el mundo de las Tinieblas no dejará nunca de atacarnos, pero que podemos vencerlo si acogemos la Llama de Amor y la utilizamos constantemente en el combate contra el enemigo de nuestra salvación.

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