LA REALIDAD DE LA ACCIÓN DIABÓLICA

Isabel Kindelmann no fue responsable o culpable de los ataques diabólicos extraordinarios que sufrió. En su infinita sabiduría el Señor quiso servirse del Demonio para purificarla, santificarla y capacitarla para su vocación extraordinaria. Por otro lado Infinidad de personas y de familias son víctimas culpables de los ataques de Satanás. Recurren al Demonio de diferentes maneras con la intención de sacar beneficios del trato con el mundo oculto, o por mera curiosidad.  El resultado de semejante pecado son las diversas afectaciones demoníacas que pueden llegar hasta una auténtica posesión. En las Sagradas Escrituras se condena y castiga con castigos extremos todo recurso a los poderes diabólicos como la  magia, brujería, hechicería, espiritismo, etc. Hoy como ayer el Demonio engaña a los incautos que  ingenuamente se imaginan que de parte de los enemigos de Dios pueden recibir alguna gracia o ayuda. 

Hay personas que culpablemente se entregan o consagran al Demonio para rendirle adoración. Esta es una perversión extrema que solamente es posible cuando la ceguera espiritual es total. Son infinitas las oportunidades que los demonios crean para atraer a los hombres a rendirles culto.  Cuando las personas recurren a cualquiera de estos medios cometen pecado grave y como consecuencia los espíritus malignos de una manera misteriosa afectan la inteligencia, la voluntad, la memoria, “penetran” en el cuerpo de las personas y afectan el entorno en donde se vive. Los espíritus malignos son muy diferentes entre sí. Cada demonio es único. Las afectaciones son muy variadas y dependen de las cualidades propias de los demonios que atacan.  Los filósofos dirán que por ser espíritus los demonios no pueden estar dentro del cuerpo sino que solamente actúan sobre él; tampoco pueden poseer el alma.  No vamos a discutir los puntos de vista filosóficos.

Para mayor sencillez diremos que los demonios  actúan  y se manifestan en diversas partes del cuerpo y que afectan el alma y sus potencias influyéndolas de diversas maneras. Igualmente actúan en el ambiente físico de las casas y lugares. En el Diario Espiritual encontramos los relatos de los ataques diabólicos a Isabel Kindelmann, que en su mayor parte son de tipo “espiritual” y “psíquico” con repercusiones en el organismo físico tales como fatiga, cansancio, dolores, etc.  Los espíritus malignos son frecuentemente “enviados” contra las personas para causarles daños de toda clase.  Esto lo hacen aquellas personas que se han entregado al servicio de Satanás y pretenden servirse del Demonio para ganar dinero. Son los hechiceros o brujos que hacen los llamados maleficios y a los cuales se les remunera. Ellos viven del servicio que prestan a Satanás.

 En los círculos científicos o intelectuales se niega no solamente la existencia de los demonios sino también la posibilidad de que se puedan hacer “maleficios”. Engloban esta realidad  en una palabra despectiva: “superstición”. Esta negación  es fruto de la ignorancia. Son científicos pero son ignorantes porque nunca han tocado la acción diabólica. La niegan a priori. Como científicos no pueden aceptar lo que no pueden encuadrar en el método experimental. La gran verdad es que los exorcistas se encuentran cada día con la acción de espíritus malignos “enviados” por los “maleficieros” o hechiceros. Dichos espíritus malignos hacen mucho daño a las víctimas. El mundo que no vemos con los ojos materiales está lleno de seres espirituales. Vivimos rodeados por ellos.

Unos son buenos, los ángeles. Otros son perversos, los demonios. Esto lo sabemos por la Divina Revelación. Sin embargo hay muchas cosas que la Divina Revelación no dice.   En la práctica de los exorcismos se van descubriendo cosas que nos parecen inverosímiles e increíbles, que sobrepasan nuestras posibilidades de comprensión. En todo lo referente al mundo que no vemos debemos observar una postura de mucha prudencia. No debemos caer en las trampas que el Demonio nos propone a través de movimientos como la Nueva Era, el Espiritismo, las religiones orientales,  el Yoga, el Reiki, etc. Debemos huir de toda experiencia dudosa. Como católicos hay que huir de todo lo que la Palabra de Dios y el Magisterio de la Iglesia condenan.

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