EL GRAN LLAMADO DE MARÍA SANTÍSIMA A LAS FAMILIAS (3)

EL ATAQUE A LA FE, A LA ESPERANZA, A LA CARIDAD

La base de la vida cristiana, de la salvación eterna, está en el ejercicio heroico de las tres virtudes fundamentales del discípulo de Cristo: LA FE, LA ESPERANZA Y LA CARIDAD. Se llaman teologales porque se refieren directamente a Dios. Sin ellas es imposible salvarse. Del vigor con que vivamos estas virtudes depende nuestra fortaleza contra Satanás. Los demonios están organizados como un ejército espiritual fuertemente jerarquizado. Los más poderosos oprimen a los que son de inferior categoría. En el pináculo está Satanás. En el Diario Espiritual la virgen no nombra a otro como Jefe supremo. Nuestra Señora no entra en las discusiones que se plantean los demonólogos. Ella va a lo esencial. Cuando nosotros invocamos la Llama de Amor del Inmaculado Corazón de María, Satanás es cegado y los espíritus inmundos inferiores “quedan paralizados, acartonados y no pueden actuar” nos dice María. Las almas se liberan y pueden entonces hacer buenos propósitos.

Nuestra Señora se refiere aquí a la más poderosa y peligrosa acción Satánica: la tentación.  De ordinario cometemos el error de creer que la más temible de las acciones de los malignos es la posesión, o la vejación, o la infestación… ¡No! La más grave y peligrosa de las estrategias diabólicas son las infinitas TENTACIONES que nos asedian constantemente porque la  intención del enemigo es hacernos pecar. Las personas posesas pueden estar “en gracia de Dios” y ser grandes santos, mientras que el que cede a la tentación en materia grave y con pleno conocimiento y libertad, pierde la gracia santificante porque comete un pecado mortal. Este es el objetivo primario del ataque demoníaco que la Virgen pone en evidencia. 

El propósito de la Llama de Amor es defendernos de la más grave de las acciones diabólicas: la tentación. Satanás tiene un odio implacable a esta gracia y a las personas que la viven y la promueven porque es derrotado en el campo que más le interesa: la capacidad de engañar a las almas y arrastrarlas al pecado. Cegar la inteligencia humana es su principal objetivo para que el hombre  NO PUEDA HACER EL ACTO DE FE EN DIOS. Por ese motivo concentra sus ataques en las capacidades intelectuales. El ataque contra la Fe es el más peligroso. Perdida la Fe o debilitada gravemente,  se pierde la Esperanza y se pierde la Caridad.  Quedamos sin defensas ante los ataques en otros sectores de nuestra personalidad.

Si oramos diariamente el Rosario con la jaculatoria, si repetimos frecuente o constantemente en nuestro interior la invocación (Derrama el efecto de gracia…), recibimos una poderosísima protección de parte de María Santísima. La insensatez más grande que podemos cometer es VIVIR EN PECADO MORTAL porque es renunciar a la gracia santificante y exponernos a la condenación eterna. En esto consiste el triunfo de Satanás. La victoria de María está en  que rechacemos las ofertas diabólicas y crezcamos en el Amor a Dios (la Caridad). La INCREDULIDAD o FALTA DE FE es el fruto directo de abrir la inteligencia a las asechanzas del maligno. Comienza la estrategia Satánica haciéndonos  dudar de las enseñanzas de la Palabra de Dios y de la Iglesia. Desde allí se llega a debilitar la confianza en Dios, o peor aún, a negar su existencia, a rebelarse contra Él y rechazarlo.

Queda entonces el campo libre a los demonios. Éstos comienzan a penetrar en el interior de las personas y a ensombrecer gradualmente el campo de los sentimientos, provocando angustias, depresiones, tristezas, miedos, desesperación, ira, violencia, odio, inseguridad, obsesiones de todo tipo, (tendencias suicidas, en el terreno  de la sexualidad, etc.). Los espíritus malignos tienen la capacidad, por ser espíritus puros, de influir en nuestras facultades: inteligencia, memoria, voluntad, fantasía, imaginación, sentimientos, deseos, afectos, etc. creando espejismos en nuestro interior. La Llama de Amor va directamente a fortalecer nuestra FE en primer lugar por los dos elementos básicos del cristiano: la Oración y el Sacrificio.

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