CARTA No.275: LOS PADRES DEBEN ORAR POR SUS HIJOS IMPONIÉNDOLES LAS MANOS

Una madre de familia pregunta cómo puede hacer para liberar a sus hijos de la influencia de los espíritus malignos. Esta madre observa en sus niños de 9 y 7 años actitudes que la hacen pensar en que están siendo atacados por espíritus malignos. Observa en el mayor una obsesión por los juegos de guerra y nota conductas violentas en su hijo cuando se relaciona con el pequeño. El niño pasa horas enteras sumergido en los videojuegos y manifiesta rebeldía cuando la madre trata de limitar el uso del celular. 

 Respuesta: Es digna de admiración esta mamá. No se contenta con observar en su hijo una conducta marcada por la ira, la violencia, las malas palabras. Ella trata de discernir. Se da cuenta de que su niño se llena de malos sentimientos cuando se enfrasca en los videojuegos. Los descarga contra su hermanito y aún contra sus padres. Esta madre ve que detrás de estas conductas que se oponen totalmente a las enseñanzas de Jesús y a la acción del Espíritu Santo están actuando los espíritus impuros de ira, violencia, odio, rechazo, venganza, etc. Algún psicólogo diría: “es normal, no se preocupe, eso se le pasará con el tiempo, son reacciones emocionales que le vienen por lo que está observando en los juegos, eso no tiene importancia, etc.”. Esta madre que vive intensamente su fe inmediatamente capta que no puede dejar pasar estas conductas y la causa de las mismas. Pregunta: ¿qué puedo hacer para ayudar a mi hijo que inocentemente está abriendo su alma a la violencia? 

Recordemos a Jesús. Acoge a los niños, les impone las manos, ora por ellos. (Mat 19:13–15; Mar 10:13–16). Es imposible que los niños no estén expuestos a infinidad de ocasiones que de una u otra manera podrán dañarlos o influir negativamente en su conducta. Los consejos, regaños, y precauciones que los padres puedan dar o tomar no servirán de mucho para protegerlos. Lo más importante es llevarlos desde que son pequeñitos a Jesús. Jesús impone las manos y nos pide que también nosotros impongamos las manos sobre nuestros hermanos. “Impondrán las manos sobre los enfermos y éstos sanarán” (Mr 16,18) “Id y proclamad que el Reino de los Cielos está cerca. Curad enfermos, resucitad muertos, limpiad leprosos, echad demonios. Lo que habéis recibido gratis, dadlo gratis» (Mt. 10:7–8). Los padres de familia deben orar con frecuencia por los niños pequeños. Por los adolescentes y jóvenes todavía más.

Es en el interior del hogar donde debe cumplirse en primer lugar este mandato que Jesús da a sus seguidores. Los niños se descarrían porque los papás no tienen discernimiento espiritual. Lo hacen de manera “carnal”. Todo lo reducen a lo psicobiológico. Llevan a sus hijos al psicólogo pero no se les ocurre ejercer el poder que han recibido de Dios para sanar espiritualmente a sus hijos de los ataques del maligno. Cuando los padres oran por sus hijos hay un poder de lo alto que los asiste; cuando reprenden a los espíritus malignos, es Jesucristo quien los reprende y expulsa. Esta madre de familia debe imponer las manos a sus hijos, orar por ellos y orar con ellos para que sean sanados. Además de limitar el acceso a programas nocivos es indispensable evangelizar a los niños, enseñarles a orar, a utilizar la jaculatoria de la Llama de Amor, a darles los elementos de la piedad cristiana que les permitan enfrentar con éxito la acción de los espíritus malignos. Cuando un niño descubre a Nuestra Señora como a su madre espiritual y le enseñamos a recurrir constantemente a la Virgen María con el Rosario de la Llama de Amor podremos estar seguro de que estará bien protegido del maligno.

Comparte la Llama de Amor

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *