LA IDOLATRÍA ES ABOMINACIÓN A LOS OJOS DE DIOS

Todo pecado es un rechazo al amor de Dios, contrista al Espíritu Santo, ciega el entendimiento y endurece el corazón.  Dios nos creó en la Santidad, es decir en su íntima amistad. El pecado es una grave traición al amor, una verdadera infidelidad en el matrimonio ente Dios y el alma. La consecuencia de esta ruptura del alma contra Dios trae enormes consecuencias tanto espirituales como materiales. Desde el inicio de la Biblia hasta el final de las Sagradas Escrituras, en todos los libros, el tema fundamental viene a ser en algún modo el relato de las infidelidades del hombre y los esfuerzos que Dios hace para perdonarlo y salvarlo.

El hecho es que pecamos, sea por debilidad, sea por malicia, pero Dios nos sigue amando y luchando contra nuestra perversa voluntad que siempre trata de apartarse de Él. Si todo pecado tiene como consecuencia la ceguera espiritual, el pecado de idolatría, bajo todas sus formas es el más grave y el que más hiere a Dios. La idolatría es en sí misma la adoración a Satanás, por eso es el pecado que más sobresale en los reclamos que Dios le hace a Israel. Es el recurso a los demonios para obtener beneficios. La idolatría se reviste de muchas formas y desgraciadamente nuestros pueblos modernos están, como el del antiguo Israel, embebidos en ella. Allí donde las personas no están verdaderamente evangelizadas recurren al mundo de los espíritus malignos para encontrar solución a sus problemas.

Muchas veces lo hacen por ignorancia o por ingenuidad; otros viven de la idolatría y arrastran a mucha gente hacia ella para lucrarse. En vez de buscar en el Espíritu Santo la luz y la fuerza que se necesitan para enfrentar las dificultades de la vida van a buscar en las “cisternas reventadas” (Jer 2,13) el agua que abundantemente mana del Corazón del Padre Celestial. Dejan a un lado al Dios verdadero para ir a rendir culto a los demonios.  El recurso a los brujos, magos, adivinos, hechiceros, santeros, paleros, gurúes, yoguis, profesores de ciencias ocultas, metafísicos, espiritistas, religiones orientales, etc. etc. trae como consecuencia además del enceguecimiento del alma y la dureza de corazón diversos tipos de influencia diabólica en sus vidas. 

Desde las perturbaciones en el sueño, las visiones aterradoras, los fenómenos físicos en el interior de las casas, las enfermedades psíquicas tales como angustia, desesperación, intranquilidad, falta de paz, enfermedades psicosomáticas, alteraciones nerviosas, ceguera intelectual, obsesiones de suicidio, la mala suerte, la ruina económica,  pleitos y disensiones en el seno de la familia, dolores físicos,  blasfemias contra Dios, la impiedad y diversas perversiones morales (alcoholismo, homosexualidad masculina y femenina, obsesiones por el juego, el despilfarro, …) hasta las diversas formas de posesión vienen de las prácticas ocultistas. La gracia de la Llama de Amor viene a limpiar las familias de esa inveterada enfermedad espiritual que envenena a muchos hogares. Al mismo tiempo que se imaginan dar culto al verdadero Dios porque rezan, recurren a los ídolos, igual que nuestros ancestros paganos lo hicieron innumerables siglos atrás. Para que el Espíritu Santo pueda actuar es necesario liberar las familias de la superstición y de la idolatría.

Comparte la Llama de Amor

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *