LA PALABRA DE DIOS Y LOS SACRAMENTOS

El plan de la Virgen pide que llevemos su Llama de Amor a todas las familias. No es fácil asumir este reto. Satanás tiene horror a la Llama de Amor y luchará por todos los medios para impedirlo. Nuestra Señora no deja a los padres de familia un manual que puedan seguir para encender y cultivar su gracia. Sin embargo no nos deja abandonados a nuestra suerte o a la propia iniciativa. La base general para edificar la familia según Cristo la encontramos en el Catecismo de la Iglesia Católica y en la Tradición de la Iglesia. Isabel Kindelmann simplemente vivió lo que la Iglesia le enseñó.  Su misma vida llena de sencillez nos dará suficientes pautas generales para edificar nuestra familia según Cristo. La roca sólida sobre la que debe edificarse la familia: son la Palabra de Dios y los Sacramentos. De allí brota toda vida cristiana.

La misión de los padres de familia es procurar que todos los miembros de su hogar conozcan y amen la Palabra de Dios y vivan los sacramentos de manera consciente y permanente. ¡Jesucristo es la Llama de Amor! Él es la Palabra de Dios; Él es quien actúa directamente en los sacramentos. Todo el trabajo evangelizador de los padres de familia se deberá desarrollar partiendo de la Palabra y de los Sacramentos. Eso implica que los primeros que deben conocer y vivir las enseñanzas de las Sagradas Escrituras son los progenitores. Así podrán transmitirlas a sus hijos. Conocer la Palabra y vivir intensamente los sacramentos, es disciplina de toda la vida. Los católicos debemos poner gran empeño en instruirnos sistemáticamente en la lectura e interpretación correcta de la Biblia. Tenemos que hacer de ésta nuestro principal libro de formación y de lectura espiritual.

No podemos contentarnos con oír una vez a la semana los textos de la misa y su brevísima explicación en la homilía. Esta es la primera conversión que se debe dar a nivel de toda la Iglesia. Conocer los textos bíblicos y llevarlos a la práctica a lo largo del día. Muchísimas familias ni siquiera tienen la Biblia. Los padres serán muy instruidos en su profesión, leerán todos los días el periódico y muchos otros libros, pero el principal y más importante ni lo conocen, o si lo tienen, yace olvidado y empolvado en algún estante. ¡Qué vergüenza! Los padres de familia deberían orar y reflexionar los textos de la liturgia del domingo y reunir a los suyos para releerlos y compartirlos semanalmente.  Es necesario que desde niños los católicos seamos educados en al amor ardiente y gran respeto por la Palabra de Dios. 

Los sacramentos son la otra columna sobre la que se edifica el santuario de la Llama de Amor. Son tan indispensables como la Palabra de Dios.  Para que la Llama de Amor se encienda y arda como la “zarza que nunca se apaga” las familias católicas deben renovarse desde las raíces. Cristo actúa en medio de nosotros por los sacramentos. El Bautismo, la Confirmación, la Penitencia, la Eucaristía, el Matrimonio, el Orden Sacerdotal y la Unción de los enfermos son los grandes acontecimientos por los que se va estableciendo el Reino de Cristo en el interior de nuestra familia. ¿Cómo pueden los  padres de familia ser maestros de vida cristiana para sus hijos si no están unidos en el sacramento del matrimonio? Infinidad de bautizados optan equivocadamente, por la unión libre. Tienen miedo a las responsabilidades espirituales que trae el sacramento del matrimonio. Cierran así la puerta a la gracia de Dios. La Llama de Amor nunca podrá encenderse en aquellas personas que viven en estado de pecado grave. Los sacramentos son indispensables para que el plan de la Virgen María tenga éxito y se extienda como un reguero de pólvora a todo el mundo.

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