CARTA No.333: LOS OBJETOS MÁGICOS ATRAEN A LOS ESPÍRITUS MALIGNOS

Francisca de Nindirí, Nicaragua pregunta: Una amiga me regaló un anillo de acero y una pulsera con ojitos para protección y buena suerte. ¿Qué piensa de esto?

Respuesta: Tajantemente te digo ¡No! No los lleves sobre tu cuerpo. ¡Destrúyelos! Qúemalos, rómpelos con un martillo, arrójalos a un lugar en donde nadie pueda servirse de ellos. Te relato una experiencia personal. En una ocasión oraba por una persona que llevaba una pulsera de ojitos y un anillo de acero. De repente salió de su boca una risa burlona. Pregunté: ¿quién eres tú? Me respondió: soy una bruja muerta. ¿Qué haces aquí? Los objetos mágicos nos atraen, respondió. Entonces exorcicé la pulsera y el anillo y el espíritu maligno salió en eructos y vómitos. Debemos tener mucho cuidado con todo lo que nos regalan para “tener buena suerte o protección”. Son puertas de entrada para los espíritus malignos. Todos los objetos que se utilizan con la intención de obtener “buena suerte” o protección espiritual de manera supersticiosa no se deben llevar sobre el cuerpo ni tampoco tenerlos en casa. Ej: ídolos, Budas, mandalas, dioses paganos, etc. atraen sobre la familia y la casa presencias espirituales malignas. Uno de los aspectos del pecado de superstición consiste en poner la confianza en objetos o ritos consagrados a los espíritus malignos. ¿Cómo te puede proteger un pedazo de acero o unos ojitos de vidrio? ¿Cómo puedes obtener beneficios espirituales de objetos que provienen de culturas y religiones en las que no se cree en Jesucristo? En sí esos objetos son una invocación a los espíritus malignos, y por lo tanto los atraen. Lo mismo podemos decir sobre los tatuajes. No debemos tatuarnos. 

En Levítico 19,28 se nos dice: “no se harán tatuajes”. Hay tatuajes de imágenes diabólicas que afectan gravemente a quienes se los hacen. Los discípulos de Cristo solamente ponemos nuestra confianza en el Señor. De Él viene toda protección contra el mundo de las tinieblas, de su Sangre preciosa. Hay anillos , pulseras, escapularios, medallas que llevan grabados el Padre Nuestro o diversas invocaciones a Jesucristo, su Madre, Ángeles, Santos reconocidos por la Iglesia o signos sagrados cristianos (la Cruz, el Espíritu Santo, etc.). Éstos sí los podemos llevar sobre nuestro cuerpo porque forman parte del culto verdadero al Dios verdadero y son reconocidos por la Iglesia. A través de ellos proclamamos nuestra fe en Cristo nuestro salvador. Somos templo del Espíritu Santo. Por el bautismo nuestro cuerpo ha sido consagrado como una hostia viva a la gloria de Dios. Hemos sido creados a imagen y semejanza del Creador. Somos imágenes vivas de Jesucristo. Nuestro cuerpo es como un escaparate en el que damos testimonio de nuestra fe en que Jesús es el Mesías, Dios encarnado, salvador del mundo. 

Me podrías responder: ¿entonces, qué poder tiene una medalla o un escapulario o cualquier objeto relacionado con Jesucristo? Te respondo: el objeto material no tiene ningún poder. El que tiene poder sobre el mundo de las tinieblas es Jesucristo. Si no tenemos una fe viva llevar una medalla se puede convertir en un acto supersticioso. Podemos llevar una imagen, medalla, crucifijo, escapulario, etc. para “tener buena suerte”. El sacerdote bendice estos sacramentales para significar que los llevamos para dar gloria al Señor y obtener de Dios gracias especiales. De nada sirve llevar estas medallas si no nos convertimos de corazón. Muchos narcotraficantes llevan crucifijos de oro en el pecho. ¿De qué les sirve? Su vida es un antitestimonio. Tanto el cuerpo como la casa del cristiano deben proclamar ante el mundo que Cristo es el Señor de su vida. Debemos proteger nuestro y la casa de habitación de cualquier objeto, cuadro, imagen, libro, música que pudiera atraer la presencia de los espíritus malignos. Saquemos fuera de la casa todos esos objetos y coloquemos en el lugar de honor las imágenes de Cristo, la Virgen María, los Santos y Ángeles. Hagamos bendecir estas imágenes por el sacerdote para obtener las gracias que acompañan esa bendición de la Iglesia.

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