LA REPARACIÓN DE LOS PECADOS

Adorar significa tributar a Dios el culto que se merece por ser el Dueño y Señor de nuestras vidas. La Santidad y la Justicia divina exigen que toda ofensa hecha a su divina majestad deba ser reparada. Es tan grande la Santidad de Dios y exigente la Justicia divina que el pecado original y los pecados actuales merecen el infierno eterno a todos y a cada uno de los seres humanos. La Santidad y la Justicia divina exigen de parte de la criatura pecadora la debida reparación. Para los fieles cristianos “reparar los pecados” consiste en ofrecer al Padre Eterno, en unión a los sufrimientos de Jesús, como penitencia nuestros propios sacrificios personales y los dolores que Dios quiera enviarnos en esta vida.  Cristo por ser hombre verdadero y Dios verdadero es el único que puede rendir a Dios la verdadera reparación exigida por la Santidad y Justicia divinas. Ya en las primeras páginas del Diario encontramos algo que será repetitivo a lo largo del mensaje de la Llama de Amor: la exigencia divina del arrepentimiento y de la reparación. Para salvarse el pecador debe arrepentirse de haber ofendido a Dios y debe reparar sus pecados llevando la Cruz de Jesús.

No hay otro camino para salvarse. Comprendemos así por qué el Señor le pide a Isabel grandes sacrificios, grandes dolores y grandes penitencias: para reparar sus propios pecados y para salvar a los pecadores del infierno.  Vivir la devoción a la Llama de Amor implica arrepentirnos sinceramente de haber ofendido a Dios y ofrecer digna reparación a la Santidad y Justicia divinas.  El mensaje de Isabel Kindelmann nos enseña a aprovechar todas las ocasiones dolorosas de nuestra vida para convertirlas en reparación. (Ver Catecismo de la Iglesia Católica: pecado, penitencia, sacrificios, reparación, expiación, justificación, satisfacción).Numerosas son las oportunidades de ofrecer reparación que se nos muestran en el Diario Espiritual. Cada uno, cada familia, podrá ir implementando en su vida diaria el espíritu de reparación de acuerdo a su fe y generosidad:  

El primer paso para ofrecer reparación es reconocer nuestros pecados con profundo y sincero arrepentimiento, confesarlos al sacerdote en el sacramento de la penitencia (confesión) y recibir la absolución. El ayuno de alimentos a pan y agua: lunes, por las almas del purgatorio, especialmente almas de sacerdotes; jueves y viernes por los doce sacerdotes llamados a propagar la devoción a la Llama de Amor.Las diversas renuncias “a uno mismo”, a la voluntad propia, ofreciendo a Dios  sufrimientos voluntarios en reparación y por la salvación de los pecadores. Servir únicamente a Jesús.

La adoración al Santísimo Sacramento en las Parroquias. Los jueves: dedicados a ofrecerle reparación por las muchas ofensas que se le infligen. “Satanás pierde su dominio sobre las almas cuando se hace la adoración reparadora” (DE 6- 11 -1962).

La “oración de vigilia” organizada por la Parroquia en la que “ningún minuto se quede sin que alguien haga oración de vigilia” (DE 9-7-1965) por la salvación de las almas de los moribundos”. “Velar por las almas de los moribundos” (DE 27-8-1965).

Deben organizarse grupos o comunidades de “oración reparadora” en cada Parroquia (DE 1-1-1981). 

Jueves o Viernes  “Hora Santa de Reparación en la Familia” (Cenáculo de la Llama de Amor). La familia se reúne durante una hora a orar juntos con la intención de pedir perdón por sus pecados y ofrecer al Señor reparación.

La contemplación de su dolorosa pasión (Vía Crucis), la adoración a las Santas Llagas especialmente los viernes.

La velada nocturna de adoración. Jesús pide a Isabel que cada noche a partir de las dos de la mañana dedique, primero una hora y más tarde dos, para hacer oración reparadora por las almas del purgatorio, por salvación de los moribundos, por los sacerdotes, por las vocaciones sacerdotales, etc.

La aceptación humilde de los  dolores que el Señor nos envía: dolores temporales y tormentos espirituales, sufrimientos ocasionados por los hijos. Reparar por las almas consagradas. Ofrecer los dolores por las intenciones de otras personas. 

La aceptación de las tentaciones y vejaciones diabólicas queridas o permitidas por el Señor (DE 30-12-1962; 9-13-1963; 14-1-1963; 4-2-1963).

Los sacrificios voluntarios hechos sin cesar por alguna intención: “renuncia a todo gozo, a todo placer, a leer libros de distracción, a escuchar música favorita, a buscar estar en sociedad, …(DE 4-5-1962).

La búsqueda de las humillaciones como el instrumento más grande que asegura siempre fruto abundante para el trabajo apostólico (DE 25-8-1962). “Vivir en continuas humillaciones” (DE 10-11-1962; 4-2-1963)

La aceptación de los sufrimientos ocasionados por la persecución religiosa del gobierno comunista o de los mismos cristianos que no comprenden la gracia de la Llama de Amor, entre ellos los consagrados (DE 11-10-1962; 15-12-1962; 4-2-1965).

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