LAS DEVOCIONES A LA DIVINA MISERICORDIA Y A LA PRECIOSÍSIMA SANGRE

La  piedad tradicional de la Iglesia se ve constantemente enriquecida por las nuevas gracias que al paso del tiempo va recibiendo de parte del Espíritu Santo. La vivencia de la  Llama de Amor no cierra la familia a la práctica de otras devociones que sabiamente integradas contribuirán a la santificación de sus miembros. En estos últimos tiempos las devociones a la  Divina Misericordia (Santa Faustina) y a la Preciosísima Sangre (Nigeria) han venido a enriquecer de manera notable la vida espiritual de innumerables familias. 

Estas dos devociones están íntimamente relacionadas con la Lama de Amor: “Te escojo a ti, hijita mía, para que seas portadora de mi Misericordia. Llénate a ti misma de la abundancia de mi Divina Misericordia y cuando abras tu boca para hablar, anuncia la Misericordia de mi Corazón…”.  “Sobre tanto dolor tuyo, hijita mía, pongo una pequeñísima parte de una sola gota de mi sangre y perdono plenamente tus pecados y los olvido” (DE 15-7-1962). 

LA ADORACIÓN A LAS SANTAS  LLAGAS DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO

Jesús y María piden a Isabel que los viernes se sumerja en su dolorosa Pasión contemplando el Via Crucis y adorando desde el medio día hasta las tres de la tarde su Sagrado Cuerpo y su Sangre Preciosa. “Desde el medio día hasta las tres de la tarde adora a mis Santas Llagas”. 

Esta adoración ha de ir acompañada de ayuno a pan y agua”, “Cada uno de estos días jueves y viernes pasa cuatro horas en mi Divina presencia y ofrece reparación por las muchas ofensas que he recibido”. “El aceptar este sacrificio atrae gracias extraordinarias”. “Santíguate cinco veces seguidas mientras piensas en mis Santas Llagas” (DE 8-4-1962). El crucifijo debe estar expuesto y ser venerado en las casas de las familias católicas. Debemos llevar sobre nosotros el santo crucifijo.

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