CARTA No.288: Varias personas han pedido  que se les aclare la palabra “carne”.

¿Qué relación existe entre la Llama de Amor y la lucha contra la “carne”, el mundo y el demonio? 

Respuesta: Ya he tratado del significado de la palabra “carne” en temas anteriores. Les ruego que vayan al blog http://llamadeamor-corpuschristi.org Allí encontrarán varios comentarios acerca de este punto. Decimos que el objetivo de la gracia de la Llama de Amor es que todos en la familia crezcan de tal manera en la santidad de vida cristiana, que el hogar se convierta en un “santuario”. El Señor quiere que todos ser humano sea “santo” con la santidad del Padre celestial (Mat 5,48). Estas tres realidades -“mundo, demonio, carne” – aunque no son la misma cosa están “interconectadas” y actúan con el mismo objetivo: que fracasemos en el camino de la santidad cristiana. Simplificando mucho podríamos decir que en las Sagradas Escrituras “carne” no es lo relativo al “sexo” sino todas aquellas tendencias desordenadas (entre las cuales está la sexualidad) que nos tientan para que vivamos fuera de Jesucristo y que se resumen en los pecados capitales: soberbia, avaricia, lujuria, ira, gula, envidia y  pereza. El primer mandamiento de la Ley de Dios nos muestra el camino de la santidad: “amarás el Señor tu Dios con todo tu corazón, con todas tus fuerzas, sobre todas las cosas y al prójimo como a ti mismo”. 

San Pablo nos dice que hay una lucha tenaz en el fondo de nuestro ser entre el Espíritu Santo y la carne. Cuando fuimos bautizados dejamos de pertenecer a Satanás y a la carne y pasamos a ser propiedad de Cristo. Sin embargo a pesar de ser bautizados experimentamos en nuestro interior la atracción de la carne que nos lleva a la “fornicación, impureza, libertinaje, idolatría, hechicería, odios, discordia, celos, iras, ambición, divisiones, disensiones, rivalidades, borracheras, comilonas y cosas semejantes”. (Gál 5,19-21). Detrás de esas tendencias están numerosos espíritus malignos que nos impulsan de diversos modos a que “vivamos según la carne”. Quienes así lo hacen no heredarán el Reino de Dios. Les recomiendo que lean la Epístola a los Gálatas. En 1 Jn 2,16, San Juan nos dice lo mismo: todo eso viene, no del Padre, sino del mundo.  Si las familias viven según la “carne y el mundo” no pueden llamarse cristianas porque están viviendo “contra” Jesucristo. Si la Iglesia está en crisis de Fe es porque los bautizados no han comprendido esto. Nos llamamos discípulos de Jesús pero no nos levantamos a luchar contra la “carne” que fácilmente nos seduce y esclaviza. 

Cuando pecamos abrimos la puerta a los espíritus malignos que van gradualmente dominando la mente, el corazón, la memoria, el cuerpo y demás facultades del ser humano. Así nos encontramos a personas individuales y familias enteras entre las que el ateísmo, la frialdad contra Dios, el alcoholismo, la violencia, la la inmoralidad sexual, la infidelidad, el odio, la amargura, la deshonestidad, la pereza física y espiritual, la suciedad, la mentira, el robo, la drogadicción, etc. se han aposentado. Estas personas viven “sin Cristo”, como si no hubiesen sido bautizadas. Viven bajo el poder de Satanás.  ¿Qué hace la Llama de Amor en estos casos? Comienza por iluminar las mentes y hacerles comprender que todo eso es pecado. Les da la seguridad de que el poder de Jesucristo es capaz de destruir todas esas cadenas. Cuando la familia se reúne para orar e invocar el Corazón Inmaculado de María, la Virgen comienza a cegar a Satanás. 

Las ataduras van cayendo. La persona y la familia combate entonces con fuerza y perseverancia contra los espíritus malignos que la asedian. Van descubriendo el poder que tienen los medios de salvación que la Iglesia nos da: los sacramentos , especialmente la confesión y la comunión; la meditación y obediencia a la Palabra de Dios, el ayuno, la reparación de los pecados, la oración contemplativa, la gran importancia que tiene el sacramento del matrimonio para la santificación y salvación de la familia, etc. El resultado es que Jesucristo se convierte entonces en el centro de los corazones. Jesús reina en la familia. Para estos últimos tiempos en los que se ha perdido prácticamente la Fe viva en infinidad de familias católicas y “cristianas” se nos ha dado esta  gracia extraordinaria de la Llama de Amor. A través de su Madre, Nuestro Señor Jesucristo, ha prometido aplastar la cabeza del Dragón infernal. La Virgen nos está urgiendo encarecidamente que le ayudemos a expandir su efecto de gracia para que toda la humanidad se renueve pronto.

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