¿POR QUÉ PERMITE DIOS QUE SATANÁS NOS ATAQUE?

Si Dios nos ama, ¿por qué deja que el Demonio nos perturbe, ataque y perjudique de manera tan terrible? Si Dios nos ama, ¿por qué tolera el mal, o lo permite, o lo envía directamente? Esa pregunta es como un cuchillo plantado en el corazón de aquellas personas que no tienen la Fe viva. Dudan del amor de Dios para sus hijos. El Señor explica este dilema a Isabel:  A través de los ataques del Demonio el Señor la purifica y la prepara a su gran misión: entregar a la Iglesia y al mundo este “regalo” excepcional de la Llama de Amor. Isabel sale victoriosa con la ayuda de Jesús y de María. Si hoy tenemos esta gracia es en gran parte debido a la fidelidad de Isabel Kindelmann que soportó con gran fe, humildad, entereza y perseverancia los despiadados ataques del infierno. “Por medio de la Llama de Amor de la Santísima Virgen, la fe echará raíces en las almas y se renovará la faz de la Tierra. …La renovación de la Tierra inundada por sufrimientos, se realizará, por el poder de intercesión de la Santísima Virgen” (DE 24-3-1963). Lo que está en juego es la “salvación de las almas”. 

Es necesario tener en cuenta la vocación de la Iglesia en cuanto instrumento divino para llevar a toda la humanidad el conocimiento de Jesucristo. Debemos abrir los ojos y la inteligencia para comprender la “enfermedad espiritual” de los miembros de este Pueblo de Dios: los bautizados. Si la sal se vuelve insípida…¿para qué sirve? Esta es la denuncia de la Virgen, no sólo con la Llama de Amor, sino con todas sus intervenciones desde hace doscientos años. La Virgen se queja de que no hemos escuchado sus múltiples llamados. Los cristianos hemos perdido la Fe. Es necesario recuperarla.  Infinidad de bautizados, clérigos y laicos,  hemos “apostatado”, de manera consciente o inconsciente, de nuestra vocación. Estamos  llamados a ser testigos de Cristo por la santidad de vida y en vez de eso nos hemos convertido en “oscuridad”. Satanás avanza cada vez más en su propósito de pervertir el alma de los bautizados y dejarlos inútiles para el combate contra las tinieblas.

El ataque de Satanás está establecido contra el corazón de la Iglesia: la familia. La gran causa de la Virgen es la liberación de las familias cristianas de la oscuridad y la frialdad espiritual en que han caído. Esta victoria contra el Demonio solamente se puede obtener por medio de los sufrimientos. “Mi Llama de Amor ya comienza a encenderse. Sabes hijita mía, las almas escogidas tendrán que luchar contra el príncipe de las tinieblas. ¡Será una borrasca terrible! Más bien, será un huracán, que querrá destruir hasta la fe y la confianza de los mismos elegidos. Pero en la terrible tormenta que se está gestando ahora, verán ustedes la claridad de mi Llama de Amor iluminando cielo y tierra; por la efusión de su efecto de gracia, en esa noche oscura, la entregaré a las almas” (DE 19-5-1963). La Virgen le cuenta a Isabel “con qué fuerza rabiosa irrumpe Satanás sobre aquellos donde tan sólo sospecha que se enciende su Llama de Amor: le permitimos que sus tentaciones de toda clase pueda probar en aquellas almas que quieren poner en marcha la Llama de Amor. Mi causa santa…(DE 11-3-1963). 

Isabel quiere seguir a Jesucristo, en consecuencia debe llevar su cruz. La razón de tantos ataques diabólicos sobre la Sierva de Dios hay que comprenderlos a partir de los sufrimientos de Cristo Jesús. “¿Verdad que sufres mucho? Soy Yo quien lo quiero así y sé que tú tampoco quieres cosa distinta de lo que quiero Yo. Digo, tienes que sufrir abandonada, mal comprendida, depreciada. Esta es la verdadera participación en Mi obra redentora que salva muchas almas. En la abundancia de mi gracia tus sufrimientos se vuelven cada vez más meritorios. ¡Ardan ustedes como la zarza que arde sin consumirse! (DE 26-7-1963). Todos aquellos que acojan la Llama de Amor en su vida y  en su familia y quieran expandirla deben aceptar esta realidad: el Señor les regalará sufrimientos para purificarlos, santificarlos y convertirlos en apóstoles fecundos. El Demonio los atacará con furor, pero resultarán victoriosos por la particular protección de Inmaculado Corazón de María.

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