LA INMACULADA CONCEPCIÓN

Hoy celebramos el Misterio de la Inmaculada Concepción de María Santísima. Esta realidad de la persona de María es de capital importancia para comprender la Devoción a la Llama de Amor. Podríamos decir que es el meollo de esta gracia otorgada a la Iglesia por la Santísima Trinidad. Nuestra Señora la define como Llama de Amor de su INMACULADO CORAZÓN. María es imagen de la Iglesia. Cuando vemos a María vemos a la Iglesia. Dios quiso darnos en la Santísima Virgen el modelo sobre el cual se ha de modelar cada persona, cada familia y la Iglesia entera. En las Sagradas Escrituras desde el Génesis hasta el Apocalipsis encontramos delineado y explicado el Plan de Dios sobre el hombre. Allí está místicamente hablando la “historia de la Iglesia”. Dios nos crea INMACULADOS en Adán y Eva. Desgraciadamente pecamos en Adán y el plan de Dios sufrió un terrible revés. Sin embargo en su infinito Amor el Señor nos promete la salvación; ésta se va realizando paso a paso en la historia del Pueblo de Israel. Cuando llega la hora se encarna el Verbo de Dios para destruir las obras del Diablo. El Señor Jesús por su muerte y resurrección nos rescata del poder de las tinieblas. La Iglesia en su caminar histórico enfrenta a través de los siglos el combate contra ese falso príncipe de este mundo que busca apartarnos del designio del Creador.

Cristo lucha por nosotros y con nosotros contra Satanás. Al final de los tiempos se revela el triunfo de Nuestro Señor sobre el Demonio y sus huestes. El Apocalipsis nos abre al Cielo Nuevo y Tierra Nueva. Toda esta historia trata del terrible combate del pecado que actúa en el interior del hombre contra el Amor infinito de Dios. Fuimos creados sin pecado, Inmaculados y estamos llamados a entrar en el Cielo y Tierra nuevos, también inmaculados. La palabra Inmaculado significa que en nuestra voluntad no ha de haber la menor oposición a la voluntad de Dios. Pecado es lo que se aparta de la voluntad de Dios. El ideal del Creador sobre sus criaturas (ángeles y seres humanos) es que éstas lo amen a la perfección. Es decir que seamos santos e inmaculados. La voluntad de la criatura ha de estar perfectamente unida a la voluntad de Dios. María es Inmaculada porque siempre, desde el primer instante de su concepción, su voluntad estuvo unida perfectamente a la Voluntad de Dios. Podríamos decir que María es lo que Adán fue en el ideal de Dios. Adán falló porque apartó su voluntad de la de Dios. María no escuchó la voz de Satanás. Siguió siempre siendo fiel a la Voluntad de Dios. Satanás tuvo su peor derrota frente a la voluntad de María.

Cuando hablamos del Corazón Inmaculado de María estamos diciendo que la voluntad de Nuestra Señora está total y absolutamente unida a la santísima Voluntad de Dios. Si miramos la relación de María con Jesús nos damos cuenta de que Jesús es aquel que hace la voluntad de su Padre a la perfección (He 10,5-10). “Padre, he aquí que vengo para hacer tu voluntad”, “Padre que no se haga mi voluntad sino la tuya”. María es aquella que hace la voluntad del Padre: “hágase en mí según tu Palabra” le dice al ángel. La gracia de la Llama de Amor es dada a la Iglesia para ayudarnos a todos los seres humanos a “hacer la voluntad de Dios”. Ese es el combate espiritual contra Satanás. El Demonio quiere que nos apartemos de la voluntad de Dios y hagamos nuestra propia voluntad, que en definitiva es la voluntad del mismo Demonio. Cuando invocamos al Inmaculado Corazón de María estamos llamando a nuestro auxilio a aquella que obtiene todo lo que pide porque siendo Inmaculada obtiene del Señor y Creador todo lo que solicita.

En este caso es lo que Dios más desea: la salvación de todas las almas. María nunca va a pedir algo que no esté de acuerdo a la Voluntad de Dios. Ella nos obtiene las gracias que necesitamos para vencer al pecado en nuestro interior. Los espíritus malignos agitan las pasiones desordenadas que nos habitan para suscitar en nosotros el rechazo a la Voluntad de Dios. El reflejo de la Gracia de Dios en el Inmaculado Corazón de María es tal que los espíritus malignos quedan ciegos. ¿Quién ciega a Satanás? ¡Jesucristo! Él es quien habita en el seno de su Madre. Ambos están unidos en la Voluntad de Dios. La Devoción a la Llama de Amor del Inmaculado Corazón de María nos lleva en último punto a abandonar nuestra propia voluntad para hacer la Voluntad de Dios. Para esto necesitamos una gracia especial, extraordinaria. Esa gracia la obtuvo María cuando la pidió al Padre celestial por los méritos de las llagas de su Hijo. La Iglesia entera debe unirse a la oración de María Santísima para obtener la derrota satánica en estos últimos tiempos. En la medida en que cada familia viva la gracia de la Llama de Amor se acelera la caída de Satanás.

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